
Por Yoani Sánchez
“¿Qué nombre crees que deba ponerle?” me dice una amiga que tiene ya seis meses de embarazo y espera un varoncito. En un primer impulso le respondo con un habitual “José”, pero la mueca de su cara me obliga a buscar algo menos tradicional. Paso revista entonces al amplio catálogo que incluye Mateo, Lázaro o Fabián, sin embargo, ninguno le agrada a la exigente madre. Si esta misma situación hubiera ocurrido quince o veinte años atrás, el bebé llevaría uno de esos nombres con “i griega”, que tanto abundaron en la década del setenta y el ochenta. Pero la exótica moda de usar la penúltima letra del abecedario, parece haber quedado superada ya.
Durante varios lustros, a los cubanos nos dio por nombrar a nuestros hijos con un grado de libertad que no experimentábamos en otras esferas de la vida. La grisura que daba el mercado racionado y la estatalización de cada porción de la vida cotidiana, se esfumaba cuando debíamos inscribir a un recién nacido en el registro civil. Los padres experimentaban con el lenguaje: usaban la primera sílaba del nombre de la madre y la última del padre, para crear una novedosa palabra que el niño arrastraría toda la vida. A algunos, incluso, les colgaron un término como “Yesdasí” —la palabra “sí” en inglés, ruso y español—.
Hubo también quienes optaron por las sílabas y les pusieron a sus hijos una especie de acróstico donde se leía algún verso o una frase. Recuerdo haber compartido aula con un adolescente llamado Mismel a quien sus abuelos le construyeron el peculiar calificativo a partir de las primeras letras de la declaración ideológica “mis ideas son de Marx, Engels y Lenin”. La mayoría de los estudiantes de aquel grupo de secundaria básica no sabíamos el elaborado significado que tenía el nombre de nuestro simpático colega. De ahí que le pusimos el diminutivo de Miki, para molestia enorme de su familia. Estábamos acostumbrados a llamarnos de maneras tan raras, que los extraordinarios eran unos pocos, aquellos que todavía llevaran los conocidos María, Pablo o Juan.
Hasta el día de hoy cuando camino por las calles, debo girar varias veces la cabeza ante tantos Yoani, Yohandry o Yovany que hay por ahí. Si se lee la lista de los deportistas que compitieron por la selección cubana en las pasadas Olimpíadas, es fácil notar la preponderancia de la “ye” y encontrar verdaderos trabalenguas, como el de un jugador de béisbol nombrado “Vicyohandri”. Sin embargo, estas curiosas creaciones onomásticas no aparecen en los puestos públicos o en los cargos de administración empresarial. El escenario del poder sigue dominado por una generación que lleva nombres como “Raúl”, “Esteban” o “Carlos”.
Desde hace unos años soplaron aires más calmados a la hora de inscribir a un niño. El santoral que determinaba cómo llamar a quién había nacido cierto día del año, regresó a poner orden en el caos nominativo. Toda una generación que se había sentido nombrada como si de un experimento de laboratorio se tratara, prefirió no juguetear con el idioma y volver a la vieja usanza. De todas formas, no faltó la influencia de las telenovelas brasileñas y en los barrios comenzaron a oírse gritos de “Joao ven rápido, que se te enfría el almuerzo”. Las figuras de la escena musical también marcaron a muchas niñas que hoy llevan un flamante “Shakira” o un armonioso “Enya”.
Sin embargo, mi amiga con sus veintisiete semanas de gestación, no parece decidida por ninguno de estos nombres. Quiere algo diferente, pero que no sea difícil de exclamar desde el balcón cuando el niño esté haciendo sus trastadas en la calle. Tampoco desea heredarle el serio y anticuado “Francisco”, que en la familia de su marido resulta tan común. Desde hace semanas ha comenzado a fantasear con vocablos en otras lenguas y hasta llegó a pedir en la biblioteca un diccionario onomástico, donde pudiera descubrir algo apropiado. Después de varios días, me ha llamado esta mañana para contarme su hallazgo, ha decidido llamar al bebé “Juan Carlos” y yo respiro aliviada al otro lado del teléfono. La cordura ha regresado en el acto de nombrar los hijos.
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Posteado por: Jose Saez 27/01/2009 15:06 [ N° 1 ] |
jajaja bueno en todo caso para una madre tiene ke ser un tanto dificil el caso, pero agradezco que no halla sido la situación de mi madre, ya que comunmente me nombró "Jose Luis", lo que nunca me ha sido incomodo ni me ha molestado (exceptuando que cuando chico me decian con "Rodriguez" o "Perales", nadie se salva de algun famoso jajaja), no digo que esto sea malo, pero definitivamente apoyo que existan progenitores que le den mas de una vuelta a algunos nombres. En mi trabajo público he tenido la oportunidad de conocer familias que realmente se confabulan el contra de los pequeños indefensos ante una idea caprichosa de querer hacerlo especial... ¿? |
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Posteado por: Edgardo Zamorano Illesca 27/01/2009 18:51 [ N° 2 ] |
Sra. Yoani: |
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Posteado por: Paz Duran Amenabar 30/01/2009 09:10 [ N° 3 ] |
Querida Yoani: Lo que dices es muy cierto, en Cuba mientras mas creativo eras con el nombre de tu bebé... mas se celebraba la llegada de un hijo. Acá no se usa esa creatividad, si no se copia lo que se ve en TV. abundan los Bayron, Jonatan, Jeremy, Brayatan, etc.. y así tal cual suenan, por eso se legislo en relación al nombre, para que después ese hijo no sufra las consecuencias de unos padres tan creativos. |
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Posteado por: Paulina 03/02/2009 08:01 [ N° 4 ] |
Tan cierto!!! Claro que hay que ser honestos y reconocer que no encuentras un Brayatan o un Byron en Las Condes a menos que sea el hijo de la nana... Reconozcamos que los nombres de lo recien nacidos dependen mucho del lugar y de la clase social, aunque suene elitista decirlo, pero es cierto. Es por eso que en las poblaciones abundan las Scarlett, Cindy, Cintyas, Kimberlys y Dayanas en el caso de las feminas, y los Kevin, Christofer, Brayan y Byrons en el caso de los varones. |
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Posteado por: dan torres gonzalez 05/02/2009 13:09 [ N° 5 ] |
jajajja que cierto el tema de los nombres raro, y que verdad lo que dice Paulina, que influirá mucho la clase social, la comuna del nombre que llevará el nuevo integrante del a familia. parece que es una marca personal, mientras mas raro es mas origianl, yo he escuchado mucho, "quiero que sea único", y deforman nombres los escriben de otra manera Jennifer, Yenny o simplemente inventan o toman prestados de gente famosa nombres que pondran a sus hijos. también es cierto que pasan por épocas. me acuerdo que antes habian muchas Naomis,Noemis, Cyndis. Pero que siempre terminan en Perez Jara!!!! cuak!!! |
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Posteado por: Ruby Dayse Garrido Proboste 10/02/2009 01:44 [ N° 6 ] |
Hola Yoani |
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Posteado por: Jose Perez Orrego 16/02/2009 23:37 [ N° 7 ] |
Yoani: No creo que los nombres "raros" en la isla existan debido a la causa de la falta de libertades sociales ("a los cubanos nos dio por nombrar a nuestros hijos con un grado de libertad que no experimentábamos en otras esferas de la vida".)
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