Paula Serrano
Martes 03 de Febrero de 2009
Cambios y Cambios


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El mundo entero parece saturado del presente y el cambio se hace más y más popular. Millones vieron en vivo o en televisión el juramento de Barak Obama como nuevo presidente de Estados Unidos, ilusionados por un cambio que parecía imposible. El Papa en el Vaticano insta a sus fieles a hacer cambios y a los países también, rogando por más paz y más espiritualidad. Es un lugar común que si la política y los políticos no cambian perderán su ascendiente sobre sus votantes y la política que antes fue el arte de gobernar se convertirá en una profesión menor. ¡Es tan lógico y tan normal que en tiempos de turbulencias el cambio sea una solución!

Y en tiempos de paz, también lo es. Porque en la fantasía de cada individuo y de cada pueblo está la ilusión de que el futuro será mejor, o de ser mejores en el futuro. Es una fantasía que mueve montañas, porque da energía para soñar, pero también para moverse, para ir hacia delante, para tener proyectos. Sin esto, cada hombre y cada pueblo estarían sumidos en la depresión. El sueño de cambiar y el esfuerzo por lograrlo es una señal potente de vida.

Pero hay otras maneras de cambiar que no están de moda. Son aquellas que se relacionan con la aceptación de los límites. En términos simbólicos, son aquellas que asumen la muerte como inevitable. En términos prácticos, son aquellas que nos proponen conocer lo que somos y vivir en paz con ello. Como si la conciencia de morir fuera la fuerza para vivir mejor.

La moral social actual se escandaliza cuando se propone este camino porque aparece como resignación, como falta de ambición, como simpleza, como flojera. La obligación de cada hombre y de cada grupo es ser mejor… y eso requiere trabajo para el cambio de un estado a otro mejor.

¿Y si no fuera así?

La falta de paz es en definitiva el peor mal que aqueja a la humanidad hoy. Y la paz no se construye siempre sobre las obligaciones y los cambios forzados por definiciones culturales, modas o ambiciones, sino tal vez sobre un acto sencillo, pero muy difícil de realizar: la humildad. Esta palabra que apela a la moral puede traducirse psicológicamente como el uso acertado del juicio de realidad. Todos somos distintos. Todos tenemos una biografía y una genética particular. Tal vez conocer los límites y construir una vida sobre esa base es un camino de paz y de humanidad menos neurotizante que tratar de ser como se supone que hay que ser.

Y, paradojalmente, es también un cambio.

3 Comentarios publicados
Posteado por:
Gerardo Enrique Lamas Durney
03/02/2009 20:02
[ N° 1 ]

Claro está que es posible salir de los paradigmas con los que fimos criados y educados dentro de la sociedad. Pienso que si logramos ampliar nuestra manera de pensar puede ayudarnos a cambiar, a ver desde otros puntos de vista diversas situaciones. Tengo la certeza que las personas pueden mejorar, no con la ambición, no con la avaricia sino que con la fuerza de hacer este mundo un poco mejor. Creo que nos faltan personas como Obama que nos inspiren a pelear por todos nosotros y no ver a unos pocos ambicionando el poder simplemente para hacerse más ricos y luego tener más y más dinero.
Creo que si aceptamos nuestra realidad, nuestra historia podemos avanzar a un futuro mejor.
Aceparse uno mismo, reconocer los errores y corregirlos es un cambio. Qué importa si los demás lo notan, creo que mirarse al espejo y no reprocharse cada mañana es un buen comienzo.

Posteado por:
Rodrigo Andrés P B
06/02/2009 17:55
[ N° 2 ]

Esto es lo que yo llamo la inculturación de la sicología colectiva por la religión. En Chile y en América Latina ha predominado desde siempre la moral de la resignación, del "es para mejor". Resignación ante la injusticia, ante el abuso, ante la vida. Por eso somos mental y materialmente subdesarrollados, suponiendo a la humildad como un "valor", una especie de "camino de perfección" que al final sólo nos deja más pobres, más abusados y más vulnerables frente a la realidad, tanto interna como exterior.
Los países desarrollados, más antiguos que nosotros y probablemente más conscientes de como son las cosas, compiten. Y compiten ferozmente, sin titubeos. Por eso hoy son desarrollados y nos dan cátedra en todo, incluyendo valores y situaciones que ellos nunca respetaron para ser lo que son ahora -como la familia y la ecología-e incluso... la sicología, como la autora debe saber. Esa es la triste realidad. A los humildes no los espera Diosito en el cielo. Los espera el lobo, en la esquina.

Posteado por:
Maria Teresa Delafuente Maureira
06/02/2009 20:03
[ N° 3 ]

Ni Obama, ni la religión, ni los medios, ni las tendencias mundiales, el alma sola va pidiendo a gritos una tranformación cuando se ha hecho de la queja una forma de vida, eso cansa, corrompe, deprime, aleja, amarga, nubla la existencia, mata en vida... y no soluciona nada... viva nuestra naturaleza humana que evoluciona a pesar de las contradicciones del concepto, hagamos un esfuerzo y cultivemos la "humanidad" eso sí seria un cambio.

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