Yoani Sánchez
Martes 24 de Febrero de 2009
Criollitas


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Yoani es autora del blog Generación Y, escrito desde Cuba.

En los años ochenta había un conocido caricaturista cubano que pintaba despampanantes mujeres de cintura estrecha y caderas prominentes. En sus trazos representaba su preferencia por las damas exuberantes y rellenitas en carnes, a las que todos llamaban con el calificativo de “criollitas”. Eran los tiempos en que comenzaba a usarse la ropa de mezclilla ajustada al cuerpo y más de uno estuvo al borde del infarto, por culpa del acompasado caminar de esas monumentales féminas. Exhibían la variedad y mescolanza racial que se ha dado sobre esta isla, con labios carnosos y pieles bronceadas de forma natural.

Como en muchos lugares del mundo, el patrón estético cambió con el tiempo y las voluminosas mujeres de ayer, hacen hoy intensas sesiones de ejercicios aeróbicos en improvisados locales. El tema alimentario no ayuda mucho, pues la crisis económica ha hecho que en la mesa de los cubanos predominen los carbohidratos y las grasas animales. La pretensión de comer abundantes frutas y vegetales frescos, es un lujo que pocos bolsillos pueden costearse. Ni hablar de las dietas basadas en cereales o yogures, que han quedado reservadas para las páginas de las revistas o los seriales de televisión.

El apetito acumulado en los años más duros del doloroso “Período Especial”, desembocó en malos hábitos alimentarios y una inmensa compulsión por tragarlo todo. Los efectos pueden verse en nuestras calles y se hacen más tristes en los pasillos de los hospitales, congestionados de personas con problemas de colesterol, obesidad, presión alta y dolencias cardiovasculares. La ansiedad por echarse algo a la boca —producto de la inestabilidad en el abastecimiento— ha hecho a muchos cubanos verdaderos obsesos de la comida y poco selectivos a la hora de alimentarse.

De ahí que conservar a una bella esbelta se vuelva un problema después que se pasa de los treinta. En La Habana ha nacido el lucrativo negocio de los gimnasios particulares y en las esteras remendadas queman sus calorías las otrora criollitas. A lo largo del muro del malecón, que recorre casi ocho kilómetros de costa citadina, se ve correr a aquellas que han logrado superar su timidez y hacer deportes en público. De vez en cuando algún joven que pasa les grita algo relacionado con sus excesos de kilogramos, pero siempre hay alguno que se les acerca y les alaba la abultada figura. Por suerte hay para todo tipo de gustos y a los hombres cubanos no acaba de convencerles las estilizadas damas que desfilan en pasarelas.

Aunque la presión social todavía no es muy fuerte en la dirección del adelgazamiento, entre las más jóvenes abundan muchos métodos para lograr abrocharse el cinturón. Pasan de la dieta del ajo a la de la luna, mientras experimentan con acupuntura en las orejas o infusiones diuréticas. En la feria Internacional del Libro —que sesiona por estos días, con Chile como país invitado— una de las temáticas más vendidas es precisamente cómo lograr la delgadez. Las mujeres hacen largas colas para tener una guía alimentaria que tendrá muy poca aplicación, debido a las menguadas ofertas y los altos precios de las tiendas en pesos convertibles. Aún así, prefieren acariciar su recetario de vivos colores, mientras se comen un plato del repetitivo arroz con frijoles del mercado racionado.

Es difícil dedicar unos minutos —cada día— a sudar sobre una bicicleta fija, cuando se ha esperado una hora por el ómnibus o se ha hecho una larga cola para comprar el pan. Resulta un tanto “inmoral” decir que no a un plato de carne de cerdo, si se sabe que en varios meses no se probará igual “manjar”. Levantarse con la eterna pregunta de ¿qué voy a comer hoy? y con la angustia que ella genera, es el escenario menos colaborador para hacer dieta. A las criollitas, como las que pintaba aquel ya fallecido caricaturista, les preocupa más la escasez que la gordura, el “no hay” que los posibles efectos de los carbohidratos. En sus cuerpos no sólo quedan las marcas de la inestabilidad alimentaria, sino las incipientes arrugas de la preocupación. Esas últimas, sí que son imposibles de quitar con ejercicios y caminatas.

4 Comentarios publicados
Posteado por:
Monsy Carreño S.
24/02/2009 10:28
[ N° 1 ]

Triste relato.

Porque a pesar de que la autora pretende revelar una realidad en Cuba, lo es tambien en muchos otros países del mundo, donde las personas no pueden darse el lujo de comer sano porque eso tambien resulta "caro".

Y porque mas necesario que lucir una figura esbelta y delgada, es vivir y sentirse sanos. Como bien dice Yoani gustos hay para todos los hombres, y cuando hay verdadero amor, lo fisico pasa a segundo plano.

Posteado por:
lorena morales parra
25/02/2009 23:50
[ N° 2 ]

me deja una sensacion rara tu relato, comer sano en estos tiempos no solos es caro en Cuba en el resto del mundo tambien , y Chile no se queda atras, estamos en verano versus abundancia de frutas y verduras , y los precios de dichos productos por las nuves ...

Posteado por:
Alejandra Gutierrez
03/03/2009 23:43
[ N° 3 ]

Comparto la opinión de expresada en los comentarios anteriores. Esta columna quiere narrarnos una realidad que se cree propia de Cuba pero que lamentablemente es compartida por muchos otros países incluido el nuestro.
Que triste que así sea. Triste también es que en los países que viven bajo una dictadura se cree que todos los problemas se deben a ella. Después las dictaduras terminan, y la vida cotidiana sigue, con los mismos problemas y otros nuevos. El problema es que las responsabilidades son más difusas. Fue al menos mi experiencia en Chile.

saludos cordiales.

Posteado por:
mario ignacio loyola figueroa
02/04/2009 15:50
[ N° 4 ]

Vamos Yoani que tu puedes seguir, te admiro como escribes.

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