
*La autora es sicóloga
Refugiarse en la fantasía es a la vez un hábito y una medida de sobrevivencia. Los malestares que sentimos de pequeños, las frustraciones que surgen, por ejemplo, cuando nos damos cuenta de que disfrazarse de princesa no es lo mismo que serlo, o que jugar a que estamos solos en el planeta porque somos un ET que vino a salvar el mundo no es igual que constatar que somos abandonados muchas mas veces de lo que quisiéramos, se graban en la memoria emocional de los niños.
El tema es que nuestro cerebro graba mejor la realidad que la fantasía y por lo tanto se instala una secuencia que va de la sensación al sentimiento, luego al deseo y luego a la acción. El deseo de salir de una situación dolorosa o incomoda nos lleva casi mecánicamente (si somos un organismo sano) a refugiarnos, a retirarnos, a defendernos. Funciona, pero algo queda, algún miedo de lo que estuvo a punto de pasar de lo que casi sentimos. Pero el cerebro aprende rápido a convertir ese repliegue en hábito.
Según la neurología, mientras más se repite una acción, más fuerte se hace el hábito emocional que queda guardado en una parte del cerebro que se llama la amígdala. Es como si quedáramos “seteados” para responder emocionalmente a algunos estímulos.
La tendencia a escapar, a retirarse, a quedarse en la insatisfacción, versus la de buscar respuestas o buscar placer se instala entonces como un hábito, psíquico y biológico.
Hay quienes afirman que los chilenos, por ejemplo, deberían colaborar a la neurociencia y ser estudiados como casos típicos de instalación en la queja y la insatisfacción ante la realidad. Porque si bien alegan sin parar, cognitivamente declaran que les gusta su presente y tienen fe en el futuro. ¿Tal vez un hábito que se instaló hace siglos?
Pero se pueden también romper los hábitos.
El camino mas eficaz no es, como pareciera, la lucha contra nosotros mismos, sino mas bien la de tomar conciencia primero y atreverse a sentir después. Mirar, sentir el patrón del que estamos presos, reconocerlo y luego dejarlo ir, ya no como un verdugo, sino casi como calambre, una picada, una reacción física y emocional que se repite una y otra vez hasta que de tanto conocerla se desvanece.
Esto no es magia, es ciencia.
El hábito se instaló ante un miedo pasado que hoy se gatilla ante estímulos que ya no son amenazantes. En otras palabras, en vez de arrancar, mejor quedarse y constatar que el miedo que parecía un elefante imbatible no es más que una mosca inofensiva.
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Posteado por: eugenio salas rivera 11/03/2009 08:17 [ N° 1 ] |
Frases admirablemente parecidas a un texto de la siquiatra alemana Marianne Ehrenwald, que usa en ellas el verbo inglés "to set" en el sentido de como usted lo escribe, "setear", grabar, fraguar o registrar para usar igual en una siguiente oportunidad en que se presenten estímulos similares. Las encontré en su clásica obra "Die zumkotzen Shaisse Warmer Arshlecker", el manual por excelencia de la sicología oligofrántica actual. Nada nuevo bajo el sol, Paula. |
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Posteado por: ximena jara vasquez 11/03/2009 23:58 [ N° 2 ] |
bastante interesante, y palpable en el diario vivir |
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Posteado por: Guisela Reyes Salazar 25/03/2009 18:34 [ N° 3 ] |
Quizás para algunos no sea nada "nuevo bajo el sol", lo cual me alegra, pero para muchos que no hemos tenido la oportunidad de leer clásicos como el de la Siquiatra Ehrenwald, columnas como las de Paula Serrano realmente son un aporte. |
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