Qué rico fue de chico tener un lugar donde nadie nos pillara, donde podíamos soñar que éramos cualquier cosa y nadie interrumpía el sueño con la realidad que queríamos evitar.
La terapia es algo así, sólo que allí el juego es mostrar a ese que somos en realidad y que no queremos ver o hacer público. En ese sentido, la consulta es un escondite, protegido por el secreto profesional, que nos acoge y nos empuja pero no nos juzga ni nos obliga ni nos castiga. Si ese espacio de libertad no está garantizado para el paciente, entonces no hay proceso terapéutico, y quien hace el tratamiento es una profesora, una madre, un sacerdote, pero no una/un terapeuta.
Con frecuencia, los que rodean a nuestros pacientes, sus familias, sus amigos, deducen la calidad del tratamiento en función de los resultados… de los que ellos quieren ver, no de los que la persona que está en tratamiento puede o quiere en su proceso de cambio. “Y esa psicóloga qué hace; debe ser pésima si la XX está peor, hace todo lo que le hemos prohibido, etc.” Para abrir el corazón y sanarlo, se necesita tiempo, verdad y espacio de libertad, dolor y alivio; rabia, rebeldía y resistencia. Nunca obediencia. Es un camino solitario al que el terapeuta asiste y promueve, pero que no puede apurar. Lo pacientes nos mienten porque necesitan verse bien frente a sí mismos; los pacientes nos odian a ratos porque necesitan deshacerse de tantos miedos y por fin hay otro a quien tirar esa rabia sin consecuencias. Y nos quieren cuando sienten que los reconocemos y adivinamos, cuando los aceptamos en sus miserias mas profundas. Nosotros sólo podemos garantizar neutralidad para esa personita desorientada y herida que quiere ser ante otro algo parecido a lo que es. Es esa la experiencia que corrige al corazón. Y ésa es privada.
Si queremos apoyar a los nuestros en sus procesos de terapia, respetemos y confiemos en ellos, no en el terapeuta que no es mas que un instrumento, sino en ellos. Porque si decidieron entrar a terapia es porque hay un volcán activo adentro de ellos.
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Posteado por: Ana Claudia Maturana Arancibia 04/04/2009 04:09 [ N° 1 ] |
Tuve el agrado de estar 3 años en terapia en Cenfa con Maria Luisa Alliende y fue una experiencia desgarradora, lloré, sufrí, pero también me sané. |
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