Si la crisis golpea la psiquis de los habitantes del planeta Tierra, en Chile el caso de la colusión entre cadenas farmacéuticas no hace más que aumentar los niveles de incertidumbre de la población, en particular de las mujeres.
Quienes suelen comprar más medicamentos son las mujeres. Compran los de sus hijos pero además consumen más productos farmacéuticos en el día a día. La salud y la enfermedad construyen aspectos vulnerables, porque lo que está en juego es la vida y la muerte en el extremo pero también la calidad de vida familiar y un porcentaje no menor del presupuesto familiar. La mamá que entra a una farmacia no está consciente necesariamente de que en ese lugar, que es como el patio del hospital, está parte de su seguridad y en esos funcionarios está puesta su confianza de estar resguardada de peligros, porque su delantal blanco los asemeja a los médicos en los que ella ha delegado la resolución de su propia ignorancia.
“Sentir que me estafan en la farmacia es como descubrir que mi confesor era pedófilo”, dice una mujer. Y lo que dice en el fondo es que la farmacia se asemeja al templo en la medida que allí está la salvación… No en la vida eterna, sí en el dolor y el malestar de la vida terrenal.
Por eso la reacción ha sido tan fuerte.
¿En quién confiar?
La necesidad de lugares seguros aumenta y la posibilidad de encontrarlos disminuye. Si vamos a trabajar más, si vamos a tener más obligaciones respecto a la crianza de nuestros hijos, si vamos a cuidar el peso para ahorrar, surge la ilusión de que alguien nos va a cuidar también más. Y es al revés, estamos en una selva donde tenemos que velar por cada aspecto de la vida individualmente.
Y como siempre en la vida, hay otra cara de la medalla. Resulta que esta crisis ha destapado un aspecto saludable, ha abierto una válvula. La gente se enojó, las farmacias se vaciaron o se llenaron de clientes furiosos. El mejor antidepresivo es la rabia legítima.
¡Viva la rabia de los chilenos y chilenas contra la violación de uno de nuestros legítimos lugares seguros!
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Posteado por: Carlos Marin S. 28/04/2009 12:34 [ N° 1 ] |
Gracias Paula Serrano. Tus columnas me ayudan a comprender mejor y querer más a mi mújer. |
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Posteado por: liliana seguic zeran 28/04/2009 22:01 [ N° 2 ] |
Me parece increible que un tema tan delicado y en boga sea tan poco comentado. |
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Posteado por: claudia beatriz pequeño deppe 03/05/2009 02:34 [ N° 3 ] |
Este abuso económico es impresentable. Haciendo uso por largo e impune tiempo de prácticas monopólicas, estos señores - los dueños de los grandes conglomerados farmacéuticos que nos han hecho lesos todo este tiempo - combinan el peor defecto de las economías de libre mercado, defecto que es el descontrol y el libertinaje, con un pobrísimo soporte legal del Estado de Chile hacia todos nosotros, ciudadanos y contribuyentes. Nos han robado y nos siguen robando directamente a nuestro bolsillo, y en lo más sensible que es la salud. El Estado de Chile tiene la obligación de limpiar y ordenar este circo. El Estado de Chile tiene la obligación de velar por nuestro acceso a los medicamentos en forma correcta, equitativa y apegada a una normativa legal clara e informada, y sobre todo que garantice el acceso transversal de todos los chilenos - a través de distintos mecanismos - a los fármacos necesarios para prevenir y/o controlar y/o atacar las enfermedades. Eso no está sucediendo, los enfermos estamos librados a nuestra suerte, nuestro país no está protegiéndonos. |
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Posteado por: Rodrigo Opazo Aniotz 05/05/2009 19:12 [ N° 4 ] |
Sra. Liliana(3): |
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