Por Pola Valbuena.
Pasaron dieciocho años sin saber nada de ella hasta que hace un par de meses apareció en mi Facebook. Lorena era una compañerita del colegio de básica pálida, ojerosa y bien flaca que usaba cintillos elasticados con un jopo sobre la frente y era hija de un pastor evangélico muy estricto que le prohibía un montón de cosas: la Lore tenía que usar la falda del uniforme hasta los tobillos y no podía ir a fiestas, de esas que empezamos a armar en quinto básico desde las 7 de la tarde hasta las 10 y media de la noche y sólo nos mirábamos las caras porque ningún hombre quería bailar las canciones de El General.
Pero la Lore no sufría con su riguroso rayado de cancha. Era una cabra chica viva. Viva y coqueta como ella sola. Apenas se iban sus papás de la entrada del colegio, se iba al baño de mujeres, se encaramaba la falda hasta más arriba de las rodillas y les hacía cambio de luces a todos mis compañeritos, que por supuesto, en plena prepubertad, babeaban con esa compañera femenina, suave y tiernamente sexy. La Lore era una avanzada comparada con las demás, todas cabras chicas que todavía jugábamos a las barbies y a saltar el elástico en el patio del colegio. En cambio, ella pensaba en pololeos y enredos de la vida real. En todas esas tramas melodramáticas de amor que le mostraban las teleseries de la tarde. Creo que por eso, cuando teníamos diez años, se le ocurrió inventar que se estaba a punto de morir. Que tenía una enfermedad terrible con la que corría riesgo de irse para el otro mundo. Todo el curso quedó tan consternado con la noticia que rápidamente nos transformamos en una ONG de caridad. Mis compañeros empezaron a hacerle ofrendas y regalos a la desahuciada y nosotras, le escribimos esquelas con palabras de apoyo y cariño. Le hacíamos caso en todo y le íbamos a comprar dulces al quiosco. Hasta que una semana más tarde descubrimos que todo era una mentira cuando le preguntamos muy preocupados al papá de la Lore, cómo se sentía al saber que su hija estaba tan mal. Entre la espada y la pared, la Lore confesó que todo lo había hecho para saber cuánto la queríamos y para medir nuestra amistad. Y que después de una semana había concluido que efectivamente la queríamos muchísimo. Enfurecidos, le aplicamos la ley del hielo un tiempo, pero después todo volvió a ser como antes. Y volvimos a ser amigas y a entrenar para el equipo de gimnasia del colegio.
Sin embargo, al año siguiente, por un cambio de trabajo de su padre, se fue del colegio y de la ciudad. Nunca más supimos de ella hasta ahora que figuraba en Facebook, aunque con un apellido gringo en su nombre. ¿Era la misma Lore? Era. Y no sólo era ella, sino que se había convertido en la versión mejorada de Alicia Machado. Ahí estaba la Lore en su foto de perfil: vestida de novia en Nueva York, con un pelo para reclame de champú al viento, unas pestañas kilométricas y cinturita de avispa, siendo besada por un rubio de frac igualito a David Beckman. En 18 años la Lore se había convertido en una bomba sexy de verdad. Con un puro vistazo de sus fotos y su perfil, me enteré que había sido Miss Latina en Estados Unidos y que había ganado varios concursos de belleza más. Y no sólo eso: aparte era abogada, estaba estudiando un posgrado en relaciones diplomáticas, bailaba tap, tocaba piano y era vocalista de un grupo de música cristiana. La Lore tenía más gracias que todo un circo ruso junto. Y estaba en su mejor momento: casada con un adonis rubio y guapa como ella sola. Era una barbie latina, de esas que aparecen en las teleseries caribeñas que ella veía y reproducía en la sala de clases. De esas que cuando era niña, todas soñábamos transformarnos, pero ninguna, a excepción de la Lore, consiguió ser.
Y además había logrado seguir apegada a su religión, pero despercudida de sus limitaciones estéticas. Ya no tenía que ocultarse de nadie para arremangarse la falda. Y eso me gustó. Tanto, que le escribí para decirle lo linda y contenta que se veía. Aunque si ella me hubiera visto a mí, escribiéndole con un buzo viejo con hoyos y el pelo revuelto en un moño ordinario, seguramente no habría dicho lo mismo. Aunque más rato descubriera frente al espejo que comparada con la Lore, yo era una mujer muy atropellada por la vida.
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Posteado por: Jose Francisco Hurtado Lopez 26/05/2009 10:43 [ N° 1 ] |
Porque será que las mujeres siempre se fijan en sus pares más afortunadas? Yo la verdad no ando sapeando tanto y no tengo ningun amigo muy perdido... como que todos se han vuelto artistas a full y uno que es artista de fin de semana, antes que envidiarlos, se inspira y hace lo que puede |
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Posteado por: Carla Maingón Cáceres 26/05/2009 12:03 [ N° 2 ] |
De todo hay ¿ verdad?. Algunos muy conservados, otros muy guapos y guapas, otros igualitos, y algunos un poquito o mucho más "atropellados" que antes. También hay de aquellos que han mutado completamente y que casi son irreconocibles. Lo interesante es poder encontrarlos y saber en qué estan. Lo tremendo, es que a veces nos encontramos con gratas sorpresas, como también con tremendos desastres...Esto del facebook nos obliga a ser tolerantes o bien a taparnos los ojos, para no ver nada más. |
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Posteado por: Jacinta Egaña Kaulen 26/05/2009 17:55 [ N° 3 ] |
No está mal tu columna, una historia como tantas bien contada pero debo decir, con todo respeto que una columna bastante más inteligente, audaz y que siempre impresionaba con sus finales era "La mente del hombre casado" de Marcelo Birmajer, me encantaría que ocupara el lugar que se merece en la revista. No como esta columna, que aunque igual podría estar me parece aburrido que se base en una "red social" tan poco interesante como facebook. |
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Posteado por: marlina lucia diaz rodriguez 26/05/2009 18:21 [ N° 4 ] |
Quién lo diría. La envidio,pero de la envidia insana. |
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Posteado por: Veronica Poblete rodriguez 27/05/2009 02:46 [ N° 5 ] |
Bueno, ya que se trata de contar cosas simples, voy a decir que el FB tambien me ha servido para encontrar mis vecinas de pequeñas de mi desaparecido barrio. Y aunque muy contenta con la experiencia, jamas he dejado de soñar con ese tiempo pasado que tampoco fue mejor. Digo esto, porque la mejor experiencia con el pasado, fue haber regresado a mi pequeña ciudad de origen. |
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Posteado por: Veronica Poblete rodriguez 27/05/2009 03:02 [ N° 6 ] |
Por esta razon, cuando saltamos del bus, le pregunte a mi hijo si queria conocer a mi pololito de los quince años. |
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Posteado por: Dayana Rodríguez Navarro 28/05/2009 14:31 [ N° 7 ] |
Oye, qué buen relato! Es genial ver que a la gente le va bien y que no vendieron lo que eran para lograrlo ¿Así que tu excompañera sigue en su religión sólo que en una versión remasterizada? Lo encuentro perfecto! Me gusta eso de tener a Dios incluido en la vida diaria y no tener que andar por ahí languideciendo para demostrarlo. :) Ðayann...
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