Por Pola Valbuena
Lo confieso con vergüenza, pero lo confieso: fui una niña bully. Una cabra chica medio deslenguada y demasiado puntuda para mi edad que en ciertas ocasiones molestaba a sus compañeros más callados, menos seguros y caraduras que yo. No era una niña mala, aunque en alguna época lo creí a pies juntillas. Que tenía un demonio pérfido dentro que me hacía decir una sarta de leseras sin pensar que le hacía daño a mis compañeritos. Pero en realidad no era una cabra chica endemoniada. Sólo estaba creciendo. Y gracias a Dios, creciendo con un rayado de cancha que me hizo entender que no era mala por inventar sobrenombres terribles, pero tampoco podía andar riéndome de los demás por la vida por respeto y porque yo también tenía características de lo más ridículas que hay. Pero sobre todo, un rayado de cancha que ahora, años después de mi vida como niña bully, haga que en mi facebook estén todos esos compañeritos a quienes alguna vez molesté. También los que me molestaron a mí. Un símbolo de perdón, redención y de que los niños molestados y molestosos como yo sólo necesitan papás con dos dedos de frente para amar a sus hijos, pero también para darse cuenta cuándo meten las patas y así poder rehabilitarlos. En mi Facebook, por ejemplo, está mi compañerita de la infancia y de banco, la Piíta. Bueno, ahora convertida en Pía, una mujer casada, guapetona y doctora que anda por la vida muy segura de sí misma y con un sentido del humor envidiable. Es decir, sin rastros de los estragos que le pude haber dejado en su cabecita en segundo básico cuando yo, la muy vaca y por un leve sobrepeso de la Piíta, le empecé a decir Elefanta Fresia. No sé si lo recordarán, pero por esos años el personaje estrella del zoológico de Santiago era esa elefanta, un ejemplar africano que llevaba siglos ahí, estirando la trompa delante de los niños. La cosa es que en honor a la fama de la Elefanta Fresia, yo empecé a decirle Elefanta Fresia a la pobre Piíta. Ya ni siquiera recuerdo a pito de qué: la Piíta era una niña amorosa, buena compañera y jamás había sido mala conmigo. Pero a mí me dio con la tontera de la Elefanta Fresia sin saber que dejaba a la Piíta llorando a moco tendido cada vez que se lo decía. Hasta que un día la mamá de la Piíta llamó a mi casa para hablar con mi mamá. Y mi vieja, que hasta el día de hoy me idolatra con locura —las ventajas de ser hija única— colgó el teléfono y me pescó de una sola oreja: que me adorara hasta el infinito y el más allá nunca la convirtieron en una madre ciega. En vez de mandar a buena parte a la mamá de la Piíta, decirle que no le creía porque yo, su santa niña, era incapaz de hacer una cosa así o de echarle la caballería encima —cosa que por Dios que hacen otras madres ciegas que de un día para otro descubren de la peor manera que sus críos no son los ángeles que creían—– mamá me subió y me bajó en uno de los peores retos de los que yo tenga memoria. Y me prohibió volver a burlarme de la Piíta y de cualquiera otra persona. Yo era una niña alta para mi edad y recuerdo bien el ejemplo que me dio. Mamá me dijo: “¿A usted le gustaría que sus compañeros le dijeran La Jirafa Clodomira?”. Entonces ahí sentí el peso de lo que estaba haciendo, a pesar de mi corta edad. Y entendí por qué la Piíta lloraba tanto cuando yo le decía Elefanta Fresia. Y me sentí una mala persona en miniatura, con una sensación de autocastigo feroz dentro de la guata. Pero de eso, también se encargó mamá: de zafarme de la culpa pidiéndole perdón a la Piíta quien años después se convirtió en una de las buenas amigas que tuve en el colegio. Y que ahora, casi veinte años después, figura en mi Facebook y por lo tanto, todavía de alguna forma, aunque sea a distancia, en mi vida.
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Posteado por: Carla Maingón Cáceres 30/06/2009 10:29 [ N° 1 ] |
Facebook y el re- encuentro con el pasado... Es divertido ver como el chico o la chica ya crecieron, como la Olivia de Popeye engordó y ya no nos parece tan grande y flacucha, como el cabezón, ya tiene la cabeza proporcional a su cuerpo, en fin... como hemos cambiado y obviamente crecido todos. Menos mal que la Piíta, se reconcilio de alguna manera contigo, con su sobrenombre, con la vida. Mi pregunta es ¿ qué pasa con aquellos, cuyo sobrenombre de la infancia los sigue marcando y se instaló como un estigma en su vida? Que tremendo!!! Cuando uno es niño no mide sus palabras. Lo bueno es que a veces contamos con alguién que nos para la lengua y nos hace medir nuestras, a veces, muy hirientes palabras. Cuando somos adultos nadie nos para, lamentablemente. Por eso oda a aquellos que nos detuvieron en la infancia y que interiorizamos para el resto de nuestras vidas, porque de lo contrario, nuestra lengua seguiría suelta o peor, seríamos adultos sin ningún filtro. Es verdad; a veces igual de adultos nos falla el filtro entre los pensamientos y la boca, pero ahora somos capaces de reconocerlo y mejor aún de pedir disculpas solitos. ¿no? |
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Posteado por: macarena espinosa alvarez 30/06/2009 12:15 [ N° 2 ] |
Conozco gente que no se hace facebook por lo mismo, porqu eno quieren hablar con gente que no son de su circulo elegido y cercano. Si lo pienso bien es verdad, yo tengo gente de la que se me había olvidado su existencia. Por otro lado, es triste a veces saber como lo crueles que pueden ser los niños, pero si soy sincera... es parte de la infancia y de la inocencia... en mic asa mis papas no hablaban nada delante mio, porque no falto la vez que le dije a una tía: sabe tía?? usted a mi mamá le cae tan mal.. pero tan mal... y ella no sabe como decierlo!!! Pobre de mi madre!!! o si no le dije a otra tía cuando estabamos de vacaciones en un lago en el sur: Sabe tía?? usted se ve arto mejor con ropa que con traje de baño!!! Hay Dios!!!! yo espero que mi hija no sea así!!! aunque todo, todo se devuelve. En fin, hay que saber entender y por sobre todo apoyar a los hijos con consejos, después de todo, la inocencia de todas formas debe ser respaldada, porque a veces su inocencia puede recaer en abusos. |
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Posteado por: marlina lucia diaz rodriguez 30/06/2009 12:50 [ N° 3 ] |
No sé si ese será el final de la mayoría de los niños bully. Pero me alegro que usted se haya ido por el camino bueno y no el viejo, Mis Pola. Buena columna |
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Posteado por: KATHY PARRA CARDENAS 30/06/2009 14:50 [ N° 4 ] |
Eso de los sobrenombres era lo mas tipico y terrible del colegio. Yo una vez le dije a una compañerita ke su madre parecia la elefanta fresia, recuerdo a la señora morbida y gigante, pero lo peor fue ke esta niñita no paró de llorar y a mi me mandaron a buscar el apoderado. |
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Posteado por: lorena diaz silva 30/06/2009 16:51 [ N° 5 ] |
Me suena a historia conocida, pero con la diferencia, que no tan niña, fui una adolescente bully, me encantaba burlarme de mis compañeras y más aún si tenían algún defecto.Gracias a Dios parece ser por el reencuentro que tuve con mis ex compañeros los daños no fueron tan importantes. |
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Posteado por: Ignacio Almonacid Carrasco 30/06/2009 17:05 [ N° 6 ] |
Por eso eliminaré mi cuenta de Facebook, porque es como los funerales; hasta el más infame de los sujetos pasa a ser noble y bueno cuando se da cuenta que con el tiempo no generó tanto estrago. ¿No será que simplemente las personas a nuestro alrededor pasaron por otras etapas que ocultaron los malos momentos con otros maravillosos que los hicieron levantar? |
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Posteado por: Mauricio Olate Nuñez 01/07/2009 15:51 [ N° 7 ] |
Concuerdo con Ignacio, no creo en eso de estar recuperando por facebook a los viejos conocidos del colegio. A diferencia de muchos quizá, para mi la última campanada del colegio no fue la expresión de nostalgia rodeada de llantos ni lágrimas por separarme de mis compañeros de curso, fue mas bien el aviso de que mi condena terminaba por fin. No digo que odiara el colegio, tuve maestros excelentes, pero odiaba todo lo que significara violencia verbal y psíquica que, más de una vez, tuve que acallar aplicando un combo en el hocico para que no continuase perturbando mi recien estrenado juicio de valores. Es en el colegio donde te das cuenta de que existen compañeros excelentes para el insulto mordaz y destructivo; pero a la vez, paradójicamente con toda esa inteligencia alucinantemente brillante para hacer daño, resultan ser una tragedia como estudiantes. |
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Posteado por: Jorge Palacio Aliaga 01/07/2009 17:01 [ N° 8 ] |
Pola: |
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Posteado por: cecilia vera vivanco 02/07/2009 13:39 [ N° 9 ] |
A Kathy Parra: |
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Posteado por: Laura López Fernández 02/07/2009 14:14 [ N° 10 ] |
Menos mal que los años pasan y casi siempre esa persona de la que mas se burlaban en el colegio, resultan ser en el presente, ejemplos en muchas cosas. Yo fuí una de esas niñas, pequeña, delgada, no había desarrollado cuando la mayoría de mi curso lo había hecho, parecía la hermana menor de cualquiera de mi colegio. ASí que los sobrenombres iban y venían, y las burlas eran muy comunes sobre todo por los compañeros hombres. Ir de fiestas era horrible, pues era la niña que me quedaba sola horas y horas, esperando que algún chico me sacara a bailar, o quisiera conversar conmigo. La verdad, todo empeoró cuando me pusieron aparatos o correctores en los dientes, de los metálicos, con ellos cero posibilidad. Lo bueno de esto es que tuve buenas amigas que siempre trataban de hacer lo posible para que no me sintiera mal. Pero, los años pasaron fui a la Universidad, y mi vida cambió, porque pasé de la niña pequeña y flaca, a la joven regia, por la que parece no pasan los años, así me dijo un amigo con el que me encontré hace poco.
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Posteado por: Ema L. 02/07/2009 15:37 [ N° 11 ] |
Lo que no te mata, te fortalece. |
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Posteado por: natalia paola riveros fernandez 06/07/2009 09:54 [ N° 12 ] |
mmm creo que estuvo bien que aprendiera... ojala yo ubiera acusado a mis compañeros de media con sus viejos..mmm ¬¬ que siempre me veia fea, pero gracias a Dios e tenido amigos que siempre me apoyaron.. y me ayudaron a subir mi autoestima. pero los sobrenombres aun me dejan traumada... porque todo ellos correspondian a mi pelo.. u.u.. |
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Posteado por: Jorge Palacio Aliaga 06/07/2009 11:32 [ N° 13 ] |
Cuando yo era nene existía igual el bulling, con la diferencia de que existía una especie de código de honor. Habían matones, pero no tenían el poder que tienen hoy para convocar adherentes. Si alguien te molestaba, podías sanjar las diferencias a duelo y a mano limpia, solos los dos rivales. He visto con pena, como en algunos colegios no se imparte la clase de religión, a excusa de los padres que no quieren que sus hijos sean dogmatizados, pero estas clases son una oportunidad de inculcar a los niños, valores tan básico y que nada tiene que ver con los dogmas, como es el amor al prójimo, el respeto por la autoridad y por los demás, el bien común y el sentido de la justicia. Una pena |
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Posteado por: Rolando Esteban Faúndez Gómez 26/08/2009 15:18 [ N° 14 ] |
la vida no es simple, esto no es Spam, solo nostalgía.
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