
Por Paula Serrano
Dice una gran neuropsiquiatra chilena que la voz masculina tiene algún tono particular que expresa autoridad. Y esto parece ser así en casi todos los mamíferos. Un niño, un cachorro, que está en disputa con su madre, con sólo escuchar la intervención oral del macho, se calma y sabe que tiene que obedecer. Esa sensación, que da rabia porque desautoriza toda rebeldía, también tranquiliza. Porque entonces, con o sin ganas, las cosas vuelven a su equilibrio. Cada uno sabe lo que tiene que hacer.
Se puede entender por qué las mujeres jefas de hogar tienen tanta dificultad para imponer autoridad y por qué, muy a pesar del padre, las mujeres separadas llaman con angustia al ex marido cuando las crisis se desbordan. Esto es válido sobre todo para los niños chicos.
Las mujeres se quejan de que los hombres han perdido su autoridad y que uno más de los roles que deben asumir hoy es el de ser quien dirime los conflictos, pone los límites, asigna permisos y castigos, mientras los hombres gozan más y más con ser quienes regalonean a sus hijos. Pero ésa es la superficie de las cosas. En el más profundo fuero interno de cada hombre está la certeza de ser quienes defienden el hogar y la descendencia. Es un rol duro y cansador, sobre todo en las sociedades modernas donde la inseguridad y la violencia son cada vez más frecuentes.
En un asalto, por ejemplo, quien sabe que está a cargo y que no puede fallar en su rol de hombre en esas circunstancias, es el macho Tiene que mantener la calma, tiene que ser valiente, tiene que dar el ejemplo, sabe que cada niño y su mujer están mirándolo y sacando de su ejemplo y su fuerza la tranquilidad que necesitan. La crisis histérica no les está permitida. Los traumas no son de hombre, y después del horror es difícil que se les permita un quiebre, que se les dé licencia, que se los proteja. Es así también en la muerte de los más queridos, en las crisis naturales como terremotos, en los choques, en toda crisis que requiera inmediatez y valentía.
Brindo por los hombres que no pueden renunciar a un rol que requiere nervios de acero en una época en que ya no está de moda el heroísmo y en que el desarrollo de su lado femenino es necesario para sus parejas y su paternidad.
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Posteado por: Rodrigo Opazo Aniotz 07/07/2009 22:04 [ N° 1 ] |
Gracias Paula. Una pregunta: ¿Cómo equilibramos al Lobo y al Cordero? Atentos saludos, ROA |
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Posteado por: Ignacio Díaz S. 08/07/2009 15:07 [ N° 2 ] |
Si uno se comporta como hombre, lo tratan de machista. Si no lo hace, lo tratan de poco hombre. ¿Que quieren las mujeres? |
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Posteado por: Rodrigo Opazo Aniotz 09/07/2009 00:58 [ N° 3 ] |
Don Ignacio: ROA |
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Posteado por: Jorge Palacio Aliaga 09/07/2009 10:34 [ N° 4 ] |
Sra. Paula: Bastante descriptivo y real su articulo, sin embargo, es poco conclutivo. Atrevámonos a ser autocríticos, a ver las causas y a cambiar de rumbo. |
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Posteado por: Sergio Daniel Cataldo Oyanedel 09/07/2009 15:08 [ N° 5 ] |
Este tema es totalmente meritorio, tratarlo desde muchos puntos de vista y en lo que respecta a mi opinión me gustaría tratarlo desde aquella visión que se funda en los afectos tanto de los hombres como las mujeres para con sus seres queridos. |
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Posteado por: HECTOR JUAN ONOFRE CISTERNA MARTINEZ 09/07/2009 19:07 [ N° 6 ] |
Hoy en dia las palabras "IGUALDAD DE GENERO" están de moda. Sin embargo, lo que Ud. plantea es nuestra realidad genética, evolutiva y tambien cultural. Gracias por su bello artículo, nos deja por las nubes en nuestra autoestima, tan pisoteada por algunas (las menos) que desean ser ellos/as |
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Posteado por: Elder Pérez 28/07/2009 23:35 [ N° 7 ] |
se supone que esto debe ser interactivo pero la escritora del blog no comenta nada de los opinantes |
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