Opinión
Martes 01 de Septiembre de 2009
Un astracán sale del clóset

Paula Escobar

-Si te pones eso, nunca más te hablo, mamá. Lo digo en serio.

La frase de mi hijo Simón fue tan categórica y radical como pueden ser las frases que se pronuncian a los 13 años. Él es ecologista desde que tiene uso de razón. Es de esas personas -esto lo aprendió de su padre- que cuando ven una araña la toman en la palma de la mano y la "liberan" en el jardín. Eso, por citar un solo ejemplo de su corazón verde.

Que su mamá se pusiera un abrigo de piel estaba, desde luego, completamente fuera de sus cálculos y posibilidades. Mis hijas siguieron el mismo camino. Ambas me dijeron: "Nunca pensamos que serías capaz de algo así".

Una confesión de entrada: nunca me habría comprado un abrigo de piel. Tampoco pensé jamás tener uno, en primer lugar por razones ecológicas y de respeto a la vida de los animales. Pero, además, porque no soy el tipo de mujer que los usa, y no lo digo desde el juicio ni el prejuicio.

Pero cuando una tía muy querida me regaló inesperadamente el abrigo de astracán de mi abuela Judith Hafemann, tuve que repensar mis códigos. Era su abrigo favorito. La recuerdo en muchas ocasiones con él, pues era como su armadura. Supongo que eso es parte de lo que a las mujeres les da un abrigo de piel: más que distinción, un cierto sentido de protección. Interponer algo grueso, pero suave, entre el mundo y ellas. Con su abrigo negro de astracán, ella podía ir donde fuera y parecía dispuesta a enfrentar lo que la vida le pusiera por delante.

Lo colgué, con mucha naftalina, en mi clóset, asustada, incluso, de tocarlo. Después lo empecé a "explorar": el forro, un poco gastado, todavía tenía su nombre bordado. Luego, metí la mano a los bolsillos y encontré un guante. Su guante.

Pensé cuánta vida quedaba de ella en ese abrigo, y cuánto la recuerdo cada día, a pesar de que murió hace 20 años. Y entonces, sin pensarlo mucho, decidí usarlo. Lo mandé a achicar y arreglar y dos meses después estaba listo.

Nadie en mi casa sabía. No quería enfrentar al sindicato verde en que se ha transformado mi familia, encabezada nada menos que por mi marido, un ecologista en serio, quien ha dedicado gran parte de su vida profesional a esa causa.

Pero el pecado era demasiado grande para ocultarlo, y un sábado en la mañana volví del taller de Amador con mi amigo astracán a cuestas. Era grande, pesado, imponente. Me consolé pensando que el o los animales (que, para colmo de males, averigüé que son corderos nonatos) llevaban muchos años muertos, que no los había matado ni yo ni mi abuela, y que este tipo de regalos no tiene precio.

Sus caras de horror lo dijeron todo. Y por más que les di explicaciones afectivas, circunstanciales, sólo logré una muy pequeña rebaja de la condena.

-Mamá, gracias a mujeres como tú existe esta industria. Te juro que si no fueras mi mamá te echaría pintura verde.

Me juraron no hacerme pasar vergüenzas públicas, a cambio, eso sí, de que nunca lo usara en su presencia. O sea, la condición para que ésta fuera una reprimenda privada y no pública, era que el abrigo de astracán se quedara en el clóset, literalmente. Acepté. Pero mientras hacía mi travesía en el desierto verde, pensaba en qué momento lo iba a usar. Todo este sacrificio no podía ser para dejarlo ahí, eternamente con olor a naftalina. Hasta que unas entradas a la ópera me dieron la oportunidad que buscaba.

Mientras caminábamos al Municipal esa noche, el frío no me tocó. Más calor aún me dio la emoción de sentir simbólicamente la herencia de mi abuela: su abrigo no podía ser una mejor metáfora. Ella me entregó, entre otras cosas, parte de su piel fuerte, pero suave, para enfrentar las dificultades de la vida con menos frío.

4 Comentarios publicados
Posteado por:
Dani Tapia
01/09/2009 09:56
[ N° 1 ]

En primer lugar TU eres la madre, TU eres la figura de autoridad, y lo que tus hijos quieran no es mas que una infantiloide pataleta. Pa la proxima, cuando tengan hambre los mandas a comer el musgo que crece en las piedras de tu jardin, a ver si le gusta tanto lo "ecologico".

El animal ya esta muerto, desde hace quizas 40 años, no hay nada que hacer, si tus hijos no entienden eso es poque los estan mandando al colegio erroneo.

Posteado por:
Camila Twain Gilmore
01/09/2009 13:15
[ N° 2 ]

Muy de acuerdo con tus hijos.
Yo le digo lo mismo a mi mama, incluso, a una bufanda que tiene a 5 animalitos tomados de sus patas, los quiero enterrar como simbolo de "descansen en paz"

Posteado por:
Mara Camargo Preciado
11/09/2009 14:18
[ N° 3 ]

Paula, estoy va mas allá de la ecología y también mas allá de quién es el jefe o la figura de autoridad. Primero, felicidades por tus hijos, que se interesan por temas que a otros chicos les valen queso...y defienden su pocisión aún frente a alguien a quien quieren mucho (su propia madre) y que seguramente muy en el fondo, comprenden.
Segundo, que hermosa herencia...mas allá del lujo y de lo lindo que se vea. La herencia esta en la sensación de fuerza, de protección, de estar en contacto con tu abuela. Eso es lo que no tiene valor!!
La discusión no es entre usarlo o no usarlo, sino entre valorarlo y no. Estoy segura de que algún día tus hijas también lo verán de esa manera...aunque nunca mas salga del closet.

Posteado por:
Daniella Opazo Hucke
15/10/2009 23:52
[ N° 4 ]

Si tuviera hijos/as me gustaría que fueran así: jugados e interesados en temas como la ecología,el medioambiente y el maltrato animal. Nada fanático ni enfermizo, pero sí personas empáticas y con conciencia de las irreparables consecuencias que actos irresponsables pueden generar en la tierra.Con respecto al abrigo de piel, jamás usaría uno. El hecho de andar ultra abrigada no es justificación,también te puedes arropar con un chaleco de lana.En todo caso, en la época de nuestras abuelas, no existía mucha conciencia de estos temas. Dichos atuendos se usaban bastante y eran sinónimo de ser alguien "chic".Preferiría vestir harapos que matar a indefensos animales por verme elegante.Me gusta verme bien,pero si voy a dañar para conseguirlo, prefiero verme "mal".

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