Paula Serrano
Martes 08 de Septiembre de 2009
Necesidades silenciosas

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Hay un síndrome que no está tipificado, pero que es más corriente de lo que creemos. Se trata de personas que a fuerza de haber sido invisibles en la infancia, persisten en serlo porque no saben ser de otra manera y porque resulta mas seguro no innovar.

Por ejemplo, alguien que tiene una madre muy infantil a la que hubo que proteger en la infancia, sabe en su corazón de niña/o que no puede ser demandante porque no obtendrá respuesta. Sabe también que la condición de obtener el amor materno es no patalear ni pedir ni exigir. Esa madre puede regalonear a sus hijos sólo en la medida que no los sienta amenazantes. Y esos hijos aprenden de manera mágica a ser buenos, a no causar problemas. Para ello, generalmente no saben bien qué sienten o qué necesitan. Sí saben lo que necesitan otros.

De grandes, estos niños son maridos y mujeres ideales en apariencia, padres ejemplares porque saben muy bien complacer a los otros. Pero son malos para poner límites y para relacionarse en profundidad. Eso habría sido peligroso en la infancia y lo sigue siendo luego en la vida.

Y de repente, algo se quiebra en la psiquis, como si tantas necesidades nunca escuchadas se agolparan y reventaran sin aviso. Los ataques de pánico pueden tener su origen en este exceso de control histórico. O las angustias inmotivadas. Esas que se pegan al corazón y hacen a quien las viven decir “Pero si tengo todo para ser feliz y tengo angustia o pena todo el tiempo” Como si la vida se cobrara una venganza diciéndoles que no se puede vivir ajeno a las propias necesidades.

Este síndrome es más corriente en las mujeres que en los hombres. Porque en la cultura las mujeres están entrenadas para estar atentas a las necesidades ajenas. Ha sido necesario que así sea si van a criar a los hijos y armar un hogar. Pero da que pensar que las mismas “brujas”, las propias “histéricas” —para nombrar sólo dos de los estereotipos femeninos— pertenezcan al grupo de las sordas a sus necesidades.

Da que pensar… tal vez el origen de la brujería y la histeria sea el mismo. Una forma desesperada de ser vista y escuchada.

4 Comentarios publicados
Posteado por:
karina stuardo tomasevic
08/09/2009 10:02
[ N° 1 ]

Paula, no sé si soy bruja o histérica, pero me reconocí absolutamente en tu columna. Estoy tratando de escribir nuevamente en mi diario para encontrar el momento en que comencé a sentirme así: insegura, triste, con muchos miedos, a pesar de reconocer muchas capacidades nunca he sabido que me gusta... Tengo todo lo que siempre quise: mi familia y mi espacio, falta completarme a mí y en eso dudo (siempre), no sé cómo partir.

Posteado por:
Carmen Soto
08/09/2009 10:23
[ N° 2 ]

Muy buena la columna de hoy.
Estuve muchos años con un vacio inmenso y completamente incomprendida. Pero llegó un momento en que me analicé y me di cuenta que efectivamente era feliz porque mis hijos eran felices, mi marido subia exitosamente en su empresa y en su vida, mis padre vivían una vejez sana y tranquila y ¿yo?, yo no tenía ningún propósito o sueño o logro personal que me diera fuerza por dentro. Pero eso lo descubrí solamente mirandome, queriendome y analizandome, así que dale nomás Karina, que seguramente necesitas motivaciones personales que los hijos y los maridos no suplen.

Posteado por:
rosalba todaro cavallero
09/09/2009 10:20
[ N° 3 ]

Muy interesante. Un comentario sobre las brujas. Si por "bruja" te refieres al término que se usa para calificar a una mujer que no se ajusta a los cánones establecidos, es posible que sean mujeres sordas a sus necesidades. Si te refieres a la brujería, esa que provocó la quema de brujas, es una protesta social, una revuelta contra el papel asignado a las mujeres.

Posteado por:
Macarena Bustos Cavada
13/10/2009 21:43
[ N° 4 ]

Entendí un poco más a mi mamá.

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