Cuando se viene del extranjero, sorprende la cantidad de estímulos de la vida santiaguina. Hay quienes dicen que es una de las ciudades más tensas del mundo. ¿Cómo puede ser? Aquí tenemos aún la familia extendida, los largos almuerzos, las nanas que nos cuidan y nos permiten descansar, un tráfico difícil pero tolerable, servicios que funcionan, jardines, piscinas propias, el mar y la cordillera tan cerca en verano e invierno. No, no puede ser que seamos una ciudad tensa.
Sin embrago si miramos las cifras de salud y si vemos con detalle las encuestas que describen nuestra forma de vida, nuestros intereses y nuestras aspiraciones, podemos concluir sin mucho esfuerzo que algo anda mal.
Parece que no es compatible la familia extendida con los horarios y exigencias de la vida profesional actual, por dar un ejemplo que toca fuertemente las vidas de las mujeres. Por ejemplo, si una mujer trabaja una jornada completa y habla con su mamá una vez al día, con su abuela cada dos días, con cada hijo varias veces al día, con su marido y sus hermanos y sus amigas… ya está sobrestimulada. Sólo con el teléfono, sin contar nada más. En otras partes del mundo el teléfono suena dos veces al día en tiempos normales y queda el Metro o el auto o el tren o la siesta o la caminata… algún tiempo en que se está sola consigo misma.
¿Cuándo reflexiona? Cuando habla, que también es un estímulo fuerte. Las mujeres con muchos frentes a su cargo sólo saben lo que sienten o lo que quieren o qué las hace infelices, cuando lo hablan con alguien. Antes lo intuían, pero recién al decirlo la emoción o el sentimiento o el proyecto o la queja, tiene nombre y por ende identidad. Está bien, tenemos una psiquis muy verbal. Pero nuestras experiencias igual requieren tiempo de cocción. Sin profundidad no hay aprendizaje. Puede haber claridad racional, pero no aprendemos de la vida, repetimos.
La maduración de lo que vivimos requiere tiempo y silencio. Y curiosamente quienes más lo necesitan son los que más temen esos momentos de uno con uno mismo donde no se dirige el pensamiento, sino se deja fluir y luego se escucha y entonces, tal vez, podemos ordenar un par de cosas.
Infórmense sobre los cuadros de estrés en Santiago de Chile y le quedará claro.
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Posteado por: Maria Elisa Martinic Ocampo 22/09/2009 20:35 [ N° 1 ] |
Paula, ésta es verdaderamente una ciudad tensa. Soy extranjera y vivo hace nueve años en Santiago. Carezco, desafortunadamente, de los sobreestímulos que describes. Mi mamá, hermana y amigas están a muchos kilómetros de distancias y nuestras comunicaciones están condicionadas a esa circunstancia. A mi me pasa lo contrario. No tengo con quién compartir la emocion, el sentimiento o el proyecto que siento. No descargo la psiquis verbal. Es muy dificil hacer amigos entrañables después de los 30 años, y especialmente en esta ciudad tensa, poco acogedora. No tengo esos sobreestímulos, pero si, estoy de acuerdo: esta ciudad es tensa y a mi se me nota mucho. Muchas gracias por el desahogo. |
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