Paula Serrano
Martes 03 de Noviembre de 2009
Pedir ayuda


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Nada peor que los sermones. Todos los odiamos y preferimos capearlos.

Por lo tanto es importante plantear desde el principio que esta columna que defiende la bondad de pedir ayuda no es un sermón ni un grito nostálgico de los tiempos en que pedir ayuda era normal y cotidiano. Es más bien un llamado, tal vez en voz alta, a simplificar la vida que esta muy difícil para todos.

Primero: Los seres humanos somos interdependientes, no sabemos ni podemos sobrevivir sin los otros.

Segundo: Cada uno es único y por ende somos buenos para cosas distintas de nuestro vecino o amigo.

Tercero: Las culturas urbanas que mejor sobreviven al estrés de la vida moderna son las con alta asociatividad, o sea, las que son capaces de crear redes de ayuda para las múltiples tareas que la cotidianidad nos exige.

Cuarto: Las mujeres, en particular, eran inútiles y frágiles para algunas tareas y por lo tanto eran protegidas por los hombres cuando era necesario. Hoy son las que ponen los enchufes, cambian los neumáticos y salen en la noche solas a buscar niños a fiestas en una cuidad peligrosa. Dicho sea de paso, sus maridos duermen mientras esto sucede. ¿Mujeres todopoderosas? Mal negocio.

Quinto: Los hijos de hoy tienen madres semiesclavas que les hacen todo y son ya abusadores en potencia.

¿Qué hacer?

Relacionar la necesidad de ayuda de otros con la debilidad o con la falta de dignidad es la primera idea irracional que cada uno tiene que enfrentar. Porque la verdad es que pedir ayuda es un gesto de suprema humanidad que habla bien de quien lo hace (porque significa que confía en sí mismo y en los otros) y de quien lo recibe (porque significa que se le reconoce una cierta calificación para hacer el favor requerido). Sólo los inseguros temen pedir ayuda.

Reconocer fragilidades es un acto de humildad que nos hace profundamente humanos. Los humildes son sin duda los verdaderos sabios modernos. Seamos humildes, entonces.

La soledad es el comienzo de las enfermedades del alma, que tienen atiborrados los consultorios y las consultas. Saber que podemos pedir ayuda es también reducir la soledad.

Por último, el miedo es una dolorosa emoción cuando es generalizado, cuando quienes nos rodean no nos parecen confiables. Pedir ayuda es una forma de vencer el miedo.

Si yo fuera candidata, propondría el pedir ayuda como medida de protección social.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Edith Tello
03/11/2009 09:51
[ N° 1 ]

La pura y santa verdad. Yo apoyo las redes sociales porque solo nos traen beneficios.
Redes sociales en el trabajo, con los apoderados en la escuela, en el vecindario donde vivo, lejos me siento más apoyada, querida, acompañada y comprendida. Recuperar la vida de barrio en donde antiguamente las vecinas se escuchaban, se ayudaban con la tacita de azucar, permitían que los niños fueramos a jugar a casas ajenas (y lo más divertido es que llegabamos como pedro por su casa).
Recuperar la esencia de la amistad.

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