
Durante los primeros años de casados acompañé muchas veces a Paola a comprarse ropa. Verla mientras se probaba pantalones y blusas y zapatos y chaquetas era, al principio, relativamente soportable. Después de todo, siempre estaba la posibilidad de algo de erotismo dentro del probador. Luego ni eso me motivaba. Realmente no hay nada menos estimulante que ver a tu mujer poniéndose y sacándose toneladas de ropa, una tras otra, en una interminable sesión frente al espejo. Uno, si lo pillan volando bajo, puede pasar horas fuera del vestidor obligado a dar un veredicto que, a la hora de comprar, no será tomado en cuenta. No importaba lo que yo le dijera a Paola, siempre prevalecía su opinión. Pero inexplicablemente siempre quería saber la mía antes. De manera que, por cumplir mi misión a cabalidad, casi nunca logré vitrinear por la sección de hombres. Generalmente dejábamos ese plan para el final, cuando ambos ya estábamos cansados y con ganas de irnos a casa.
Por lo demás, soy feliz con pocas cosas. Un par de bluyines, tres camisas, algunas poleras baratas y listo. Mi espacio en el ropero son dos cajones y una repisa. O sea el 10 por ciento del mueble. El resto está repleto de zapatos, vestidos, pantalones y carteras.
—¿Tantas carteras? —le pregunté una vez. Son decenas, algunas, la mayoría, nunca vi que haya usado.
—Me gustan —me dijo.
—¿Y los zapatos? ¿Necesitas tantos?
Yo tengo unos para el trabajo y otros para los fines de semana y es todo.
—Me gustan —volvió a decirme, mientras los miraba como si estuviera mirando la Capilla Sixtina.
Me pregunto cuánto dinero hemos invertido en sus zapatos en estos 10 años. Tal vez nuestra hija pueda pagarse la universidad si los vende. Tomé con las manos unos que no conocía.
—Son antiguos —me explicó.
Antiguos ¿de cuándo?, pensé. ¿Del año pasado? Los míos los considero nuevos y los compré hace dos años.
—¿Y estos? —le pregunté sacando un par con terraplén descomunal.
—Esos ya no se usan.
¿No se usan?, pensé de nuevo. Y los míos: ¿se usan o no se usan? Para mí están buenos o están malos. Y si están buenos, se usan.
Ese día Paola parecía inquieta frente al ropero. Buscaba algo con la mirada que no encontraba, hasta que me miró durante un largo segundo en silencio.
Sentí escalofríos.
—Tengo pura ropa abrigada —me reveló sinceramente preocupada—. Necesito algo más veraniego. ¿Me acompañas a ver?
|
Posteado por: Katherine Andrade 29/12/2009 09:04 [ N° 1 ] |
Después de casi un mes sin aparecerme a leer ni a postear en esta columna lo hago, solo para hacerte ver Pelayo que, si yo fuera tu mujer, me daría mucha vergüenza y pena ver como me describes frente al resto (aunque fuera ficción) De todas tus columnas, no he podido leer ninguna donde no sé, por lo menos le admitas alguna cualidad a tu mujer, sino que siempre la pintas como una bruja manipuladora que prácticamente abusa de ti. So Sad |
|
Posteado por: Pilar Fernández . 29/12/2009 12:11 [ N° 2 ] |
"Hemos invertido en sus zapatos"... Igual encuentro que la caricatura que haces de tu vida y la de tu señora es algo cruel y exagerada... |
|
Posteado por: Carolina Paz Suau Zapata 29/12/2009 12:44 [ N° 3 ] |
Concuerdo con la visión de Katherine, pero lo tragicómico del asunto no es cómo descueras a tu mujer, sino cómo tienes la pelotudez de continuar al lado de alguien que por lo que cuentas sólo te hace sentir desdichado, o que no respetas para nada |
|
Posteado por: Nicole Moya Cornejo 29/12/2009 12:58 [ N° 4 ] |
Si mi marido hablara así de mi... simplemente, no estaría con él. No sé cuál es el afán de ciertos hombres que gozan con ser la victima de toda situación, pero que en el fondo les gusta ser el macabeo, el perseguido, el controlado, etc... Mujeres como Paola "hacen nata", pero hombres que aguantan y les gusta sentir esa manipulación y vivir una teleserie de sus vidas HAY POR MONTONES!. Así que ¿por que no escribir de lo bien que se siente ser EL MACABEO? ó ¿que les encanta que sus parejas los manden, controlen e incluso revisen sus pertenecias?. Así por lo menos, serían más honestos y asumirían que les encantaría que sus vidas fueran cuan teleserie mexicana y perder guaguas, la vista, encontrar la guagua pero que fue cambiada, perder su fortuna y luego ganarla con un matrimonio arreglado, ser victimas de un intento de asesinato, etc...
|
|
Posteado por: Mati Rivas M 29/12/2009 14:28 [ N° 5 ] |
Eres bien pelotudo... de partida no creo que la famosa Paola sea el monstruo que describes, ni tu el pelota que reflejas, más bien tiendo a creer que te encanta victimizarte y generar pena en el resto, en una palabra: pelotudo! |
|
Posteado por: Roberto Irarrazabal H 29/12/2009 18:23 [ N° 6 ] |
Y tu ropero con cervezas??? |
|
Posteado por: Karina Pérez Oñate 04/01/2010 13:54 [ N° 7 ] |
Te imagino con una cara de lata en tú casa.... Tus columnas son bastante reales, pero más que eso... |
|
Posteado por: Giovanna Alejandra Gutierrez Jorquera 08/01/2010 00:58 [ N° 8 ] |
La verdad es que me río demasiado contigo, Pelayo, no lo tomo tan grave, es más, te me pareces a mi marido muchas veces y eso me hace pensar que las situaciones que relatas son tan comunes, por lo menos me he sentido identificada y eso me ha dado tanta risa, no me pierdo tu columna... |
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |