Pelayo Figueroa
Martes 23 de Marzo de 2010
Póngale vida a sus años


pelayo.jpg

Mientras escribo estas líneas, medio Chile queda a oscuras.

Del silencio total emana la voz de Paola desde la cama.

—La linterna, ¿compraste la linterna? —escucho que me pregunta.

Algo me dice que este apagón no es lo peor que me pasará esta noche.

Después del terremoto, Paola me pidió comprar una linterna por si ocurría cualquier emergencia. Le dije que bueno, que no se preocupara, que mañana la compraba,pero no lo hice. Consideré innecesaria la precaución, pero ahora, caminando a tientas por el comedor, pienso que debí haberle hecho caso.

Cuando llego al dormitorio, veo a mi mujer iluminada por su celular sentada en la cama. La suave luz que brota de la pantalla acentúa su rostro de indignación.

La Vale, que aún está sin clases, pasa sus últimos días de vacaciones en casa de mis suegros, así que en medio de esta oscuridad permanecemos solos Paola y yo. Dadas las circunstancias, este escenario me asusta. Enciendo la radio de mi celular y me pongo los fonos un poco para conseguir noticias de lo que sucede y un poco para evadir mi responsabilidad. En lo que respecta a Paola, yo soy el culpable de este apagón y de todos los apagones que vendrán.

—Qué te dije de la linterna —insiste ella y yo levanto los hombros y me afano en sintonizar una radio.

La primera vez que quedamos a oscuras en condiciones muy similares a ésta, tuvimos sexo con Paola hasta que llegó la luz. Hoy yo escucho las noticias y ella menea la cabeza porque no compré una linterna. Cualquier observador de la realidad matrimonial diría que algo no marcha bien entre nosotros, pero yo tengo otra interpretación. No es que la relación se haya enfriado, no es la oscuridad, no es que no le haya hecho caso, no es el terremoto ni las réplicas. Lo que la tiene así es que mañana es su cumpleaños. Cumple 40 y no quiere cumplir 40. No se siente de 40. Le asusta el número. No le gusta cómo suena. Le da lata. De hecho, el único tema de Arjona que detesta es ése de las cuatro décadas.

He tratado de consolarla y contenerla toda esta semana, pero no hay caso.Treinta y nueve años ya le parecía excesivo. Cuarentalo encuentra injusto. Yo tuve un proceso parecido hace dos años, pero por pudor no se lo dije a nadie y afronté mi nueva década con la misma dignidad con la que acepté la progresiva, irreparable y lamentable pérdida de mi pelo.

Salí del dormitorio sin decirle nada, caminé a tropezones hacia la cocina y al rato volví. Habría que haber visto su cara. Hasta ese momento yo no sabía cómo hacerlo sin aumentar su complejo, pero el apagón fue un buen pretexto. Entré a la pieza con una pequeña torta iluminada con cuatro velas.

Se quedó muda.

—No cabían 40 velitas —la provoqué a ver si reaccionaba de una buena vez.

Entonces se levantó de la cama.

—Idiota —me dijo.

Lo que siguió me hizo recordar aquél primer apagón.

4 Comentarios publicados
Posteado por:
gisela wortzman kolbach
23/03/2010 08:52
[ N° 1 ]

Que real el tema de el tan temido cambio de década!.. Silencioso movimiento telúrico interno..jajaj.. mi hija me regalo para mi cumpleaños la canción de Arjona, Sra. 4 décadas, esa parte de póngale vida a sus años que es mejor..” grande Arjona”, y de verdad fue como la torta con 4 velitas..Solo sentí que alguien me acompañaba en silencio en esto, y no me había dado cuenta de que si pasaba algo..

espero con muchas ganas la revista ..para ir directo a tu columna, me rio mucho
eres genial.

Posteado por:
Paula Gómez M
23/03/2010 10:20
[ N° 2 ]

Mish, y yo que estoy esperando cumplir cuarenta, por que encuentro que suena más clever que decir "tengo 39". Además, que después no pretendo cumplir más años.
Y es entretenido que le digan lo buena moza que te conservas.

Posteado por:
Juanita Pérez Pérez
23/03/2010 22:18
[ N° 3 ]

jajajajaj, gracias por volver a la vida!!! jajajaja y saludos para Paola. Uf, 40!! eso es mucho... jajaja

Posteado por:
Karina Pérez Oñate
24/03/2010 16:06
[ N° 4 ]

Idolo!! jajajajaa... que bueno el final, simplemente genial!
Lo más probable es que lunes a primera hora le compraste la linterna y con la cara llena de risa:).
Las mujeres, algunas, apreciamos mucho esos detalles, nos mueven el piso.

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