
Un día, cuando pololeábamos, Paola decidió que debíamos casarnos.
—Ya llevamos tres años y esto no va para ninguna parte —me dijo con aire severo. Y añadió: “O terminamos o nos casamos”.
Parecía seria la cosa. Y yo tenía hambre y quería llegar rápido a mi casa.
—Casémonos —le contesté.
Al otro día nos pusimos de acuerdo en la fecha, les comuniqué la noticia a mis padres, ella a los suyos, y asunto solucionado.
Hoy, diez años después, me doy cuenta de que Paola ha tomado gran parte de las decisiones clave de nuestro matrimonio. Decidió la iglesia, decidió el departamento que arrendaríamos, decidió el nombre de nuestra hija, decidió que había que bautizarla, decidió el colegio en que la matriculamos este año.
Por supuesto, todo ha sido convenientemente conversado, debatido y analizado, pero lo que terminamos haciendo es siempre lo que ella propuso. Pareciera, a veces, que la decisión ha sido mía, pero es cosa de ir a la génesis del asunto para comprobar, con desazón, que sólo estoy confirmando lo que Paola piensa.
Tal vez sea porque, para mí, pocas cosas son realmente importantes como para entrar en una batalla campal por imponerme. Para Paola, en cambio, todo es de suma importancia, todo tiene urgencia, nada se resuelve solo.
Sin embargo, para las decisiones menores, las del día a día, Paola es incapaz de dar un paso sin preguntarme. Curiosamente, aunque estoy ávido de tomar decisiones, eso me irrita.
—¿Apago el calefón? —me pregunta cada mañana cuando salimos a nuestros respectivos trabajos. Obviamente que sí, que tiene que apagarlo, pero tengo que decírselo. ¿Cómo es posible que una mujer como ella, tan segura, tan ejecutiva, tan alfa, me consulte cosas así? A veces, cuando ando de malas, la quedo mirando y no le contesto, situación que, por cierto, genera cierta tensión entre nosotros.
—¿Qué canal dejo?
Eso sí que me enoja. Ella ha dado vuelta con el control remoto todos los canales sin quedarse en ninguno y me hace esa pregunta. Y yo qué sé: deja el canal que quieras, pienso. Si tampoco quiero ver tele.
—¿Qué hacemos hoy día?
Ufff. Me agobia esa pregunta, porque muchas veces ella ya lo tiene decidido. Este mediodía pasamos a dejar a la Vale a la casa de una amiga y mientras volvíamos me lo planteó: “¿Qué hacemos hoy día?”. Obvio que quería ir a almorzar a algún restaurante. Es más, a un restaurante italiano. La conozco. Pero al preguntarme, quiere dejarme con la sensación de que yo lo estoy decidiendo.
—Vamos al departamento y preparo algo rico —le contesté para molestarla.
—¿A la casa? ¿Y si hacemos algo más entretenido?
—¿Como qué?
Bueno, ahora estamos en el restaurante italiano que ella quería, sentados frente a frente, leyendo la carta. Ella nunca sale de los ñoquis con boloñesa, pero examina las alternativas de platos durante varios minutos, revisando cada línea, analizando las salsas y frunciendo el ceño cada tanto. Ya sé lo que me va a preguntar ahora, pero en algún rincón de mi cerebro espero que no la haga, que no pasemos por este trance inútil. Paola se rasca la barbilla, el mozo se para frente a nuestra mesa para anotar el pedido, ella aprieta los labios, levanta la vista, se encuentra con mi mirada, respira hondo y me dice:
—¿Pediré ñoquis o lasaña?
No lo puedo creer.
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Posteado por: Camila Twain Gilmore 20/04/2010 15:17 [ N° 1 ] |
Y porque sigues casado? |
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Posteado por: Juanita Pérez Pérez 20/04/2010 20:18 [ N° 2 ] |
JAJAJAJAJAJAJ al menos este post confirma que no soy la única loca!!! jajajaj, no es que siempre pregunte todo, pero a veces es taaaaan relajante tener que dejar de decidir las cosas... |
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Posteado por: andrea muñoz ique 21/04/2010 09:29 [ N° 3 ] |
En realidad, Pelayo, una se cansa de decidir ¿qué haré de almuerzo mañana? ¿Qué le pondré al punto para que vaya al cumpleaños? ¿Trenzas, colitas, un moño de princesa? ¿Será fecha de podar las buganbilias? ¿La cartera negra combina con mis zapatos de taco que tienen un adorno amarillo? Son temas de lo más tontos, son vanales pero agotan; no es lo mismo que decidir operar a tu hija del cerebro, por que la vida se te va en eso, y solo tienes 5 segundos para eso y tienes que ser fuerte para decidir. Así somos las mujeres fuertes en los momentos de crisis, y lesas para las decisiones simples. |
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Posteado por: Dayana Rodríguez Navarro 21/04/2010 14:19 [ N° 4 ] |
Ja, ja... pucha Pelayo que me haces reír. Por eso me gusta tu columna... porque es simple, sencilla y amena, como sacada de nuestras vidas. Abrazos! |
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Posteado por: Alejandra Catalina Jara M 22/04/2010 13:50 [ N° 5 ] |
yo no sé que haces aun con tu esposa. ella te cae pésimo, se te nota no será que no puedes estar solito y a pesar de las mañas la extrañas?? que dirá ella de ti? |
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Posteado por: Karina Pérez Oñate 23/04/2010 13:58 [ N° 6 ] |
Me pregunto, si los hombres se animaran a escribir lo que piensan y sienten respecto a sus esposas, parejas, pololas.... dirian lo mismo que Pelayo???????? |
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Posteado por: Patrice Saldie E. 23/04/2010 18:22 [ N° 7 ] |
Ay pelayito... xD |
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Posteado por: karla gonzalez bustamante 23/06/2010 12:51 [ N° 8 ] |
jajajaj yo estuve casada 5 años y pololee 5 mmmm llega un minuto en que parece que todo te molesta de la otra persona jajaja |
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