Por Ximena Urrejola B.
Los tres tomos de la sentencia están encima de su escritorio en su casa estilo toscano, en lo más alto de Peñalolén. Ágata Gambardella, profesora de historia, madre de un hijo y mujer del ex biministro de Transportes y Telecomunicaciones del gobierno de Ricardo Lagos, Carlos Cruz Lorenzen, lo está leyendo de a poco. En los siete años y 172 días que duró la investigación del llamado caso MOP-Gate pasó de ser una ciudadana común a una experta en materias procesales: desde el día en que su marido fue detenido en la antigua cárcel de Capuchinos, siempre ha estado presente en casi todas las reuniones con los abogados, conoce casi al dedillo el tema que ha hecho sufrir a su familia durante tanto tiempo y hoy, en su casa, está repasando una a una las más de mil hojas del expediente.
En el fallo de la ministra investigadora Gloria Ana Chevesich, entregado el 1 de julio recién pasado, Carlos Cruz -y otras doce personas- son condenadas por el delito de "fraude al fisco", mediante un sistema de abultamiento de contratos para pagar sobresueldos en el Ministerio de Obras Públicas entre los años 1997 y 2001.
-El martes 6 de julio apelamos, porque Carlos es totalmente inocente, dice Ágata Gambardella mientras recorre, flanqueada por sus tres perros, el frondoso y amplio jardín de su casa, en el que cultiva rosas, tiene paltos, naranjos y limas, un sector para los cactus y un taller donde realiza artes manuales.
Todo este larguísimo tiempo esperando el fallo ha sido -asegura- de total incertidumbre. De una sensación permanente de que toda una vida se podía desmoronar en cualquier momento. Había semanas de varios interrogatorios; meses sin saber nada y, luego, de vuelta a la oficina de la ministra. Dice que fueron años en que trataban de adivinar en qué rama de la investigación estaba la jueza, hacia dónde iba: no tenían certeza de nada.
-Al comienzo, cuando nos dijeron que esto iba para largo, yo pensé: Qué horror, dos años en esto, no lo voy a poder soportar. Y bueno, fueron muchísimos más que dos años. Y uno nunca se acostumbra. Para empezar, nos embargaron los dos autos, todos los muebles, un departamento que Carlos había heredado.
Hoy, está la certeza, y una cierta sensación de tranquilidad. Junto con esto, también están la sorpresa, la desilusión, el asombro. Su marido Carlos Cruz fue condenado a tres años de pena remitida -en que tiene que firmar una vez al mes, como ha hecho en estos siete años y medio de proceso.
Ágata Gambardella esperaba algo mejor:
-Después de haber visto la acusación por los 15 contratos abultados en los que él no tenía nada que ver, estaba segura de que no podía ser nada muy duro. ¿Por qué habría de serlo?
Su marido, en cambio, estaba más temeroso. "Sentía que como el proceso había sido tan largo, quizá había algo que él no supiera y que podía ser tremendo". En este sentido, hoy Ágata considera que el fallo es "bastante llevadero".
-Pero es muy probable que este fallo lo vayan a ver ocho jueces más: tres de la Corte de Apelaciones y, eventualmente, cinco de la Corte Suprema. La pena más dura se la llevó Sergio Cortés, que era el responsable de las platas, lo que me hace pensar que sí se entiende lo que hay detrás de toda esta historia.
"No fue riguroso"
Siempre se dijo que Ágata Gambardella era el pilar de su marido. Ella piensa que pudo haber habido algo de eso, pero que las cosas han cambiado. Otras circunstancias los han golpeado como para que en este momento ella sienta que, en cuanto a los apoyos, están mano a mano. Hace un año y medio Ágata sufrió la muerte de su padre.
-Eso de que yo he sido siempre su gran apoyo, la verdad es que no es tan así. Él también tiene la fuerza de soportarme. Entre la maña propia de la genética, más las cosas que han pasado, y la muerte de mi papá, siento que he perdido la capacidad de concentración, que la neurona no me funciona como me funcionaba antes, a raíz del dolor. Lo que más me gustaría es que terminara todo ya, de una vez.
A pesar de este sentimiento, Ágata Gambardella toma en sus manos uno de los pesados y gigantescos tomos del fallo, lo abre, lo pone sobre la mesa y habla de "traición":
-Carlos se siente traicionado por algunas personas, y yo más que él. Pero el no se detiene mucho en eso. Yo, porque soy muy italiana, sí tengo más presente el tema. Pero todo decanta. Como en cualquier ámbito de la vida, cuando alguien tiene un traspié hay personas que hacen leña del árbol caído y otras que se acercan con una solidaridad y preocupación extraordinarias. Soy bien positiva y tiendo a quedarme más con eso que con lo otro. Respecto de las personas que trabajaban con él, yo no sabía nada hasta hoy en que estoy leyendo el fallo. Estoy muy impresionada por las declaraciones de personas que incluso estuvieron comiendo en mi mesa y que supuestamente eran de confianza de Carlos, con los que trabajaba codo a codo. Hay declaraciones que denotan tal terror de que les pase algo, que no son ciertas. Personas que van por la vida diciendo no sé nada, no tengo idea, no sé. Y estas personas sí negociaron alguna vez un sueldo, pero no con Carlos. Eso ha sido muy fuerte.
Frente a esta realidad que tiene en sus manos, a Ágata Gambardella, sin embargo, lo que más le duele -o apena- es que su marido se haya visto obligado a dar un giro brutal en una ascendente carrera profesional que lo tenía feliz y satisfecho, cumpliendo con todas las expectativas y objetivos que se había propuesto desde que entró al servicio público.
-Es muy complicado cuando te ves obligado a reconstruirte, rehacerte, rediseñarte, aunque él es bueno en eso porque tiene muchas capacidades y es muy resiliente. Después de que cumpla la sentencia (final) va a poder elegir en qué trabajar; no va a tener limitaciones. Pero todo esto le ocurrió a los 52, 53 años, cuando estaba trabajando a full. El próximo año cumple 60: ya no es lo mismo.
Dice que precisamente una de las cosas que más le han dolido a Carlos Cruz en este tiempo fue una frase que apareció hace unos días en la prensa en que se leía: "Un delgado y envejecido ex ministro Cruz". Una mañana de la semana pasada, en tanto, Ágata Gambardella recibió un llamado de su marido, quien ni siquiera le dijo hola antes de comenzar a hablarle. Sólo le lanzó: Voy caminando por Manuel Montt y un grupo de niños en un bus escolar me acaba de gritar: ¡Hola tata!
-Estaba tan impactado -dice Ágata. Le habían dicho tío, señor, pero nunca "tata"... Pero él está bien. No es una persona depresiva. A veces la ansiedad le juega algunas malas pasadas, porque es lógico: lo que ha pasado es muy grave. Él siempre se pregunta -en todos los ámbitos- qué hizo él, personalmente, para que algo no resultara, cosa poco frecuente en las personas: no culpa al resto.
-A pesar del fallo, usted afirma que su marido es inocente. ¿Por qué?
-Sí. Su error fue poner confianzas donde no tenía que ponerlas. No fue riguroso en eso. Cuando Carlos toma la decisión de contratar a alguien, de ahí en adelante no duda de sus intenciones ni de sus capacidades: confía en ella. (En este caso) Pecó de ingenuidad. Le ha ocurrido en otras cosas mucho más chicas: por ejemplo, el cuidador le saca el auto, cae preso, y él va, le paga la fianza y lo reacoge, y le vuelve a sacar el auto. Tiene una cosa ahí, que tiene que ver con su nivel de compromiso con las personas: es hasta el final. No es que sea con cualquiera, pero cuando él elige, siente que tiene un compromiso con esa persona y por lo tanto, actúa con poco cuidado.
-Algunos dijeron que su marido estaba protegiendo al ex Presidente Ricardo Lagos. Ahora que ha pasado el tiempo, ¿piensa así?
-No es que Carlos haya protegido a Ricardo Lagos, porque aquí no hay un delito. Ricardo Lagos no tiene que ser protegido de nada. Se dio una situación en la que la parte querellante pensaba que Ricardo Lagos estaba escondiendo algo. Ricardo Lagos no esconde nada. Y Carlos no ha sido su guardián. Carlos tiene un enorme afecto y una gran admiración por el ex Presidente. Además, cuando Carlos era coordinador de concesiones, Lagos era el ministro del MOP, y como tal tampoco era su función la administración del ministerio: eso le corresponde al subsecretario.
-En su declaración a la ministra Chevesich, el ex Presidente Lagos dijo que no tenía idea de los sobresueldos en ese momento.
-Sí, eso dijo. Pero no me voy a pronunciar respecto de eso.
-La ministra Chevesich afirma que su marido está confeso de que dispuso "dos nuevas fuentes o modalidades de recursos" para pagar sobresueldos en el MOP entre los años 1997 y 2001.
-Eso no es así. Él estaba preocupado de otras cosas, como era, primero, crear la ley de concesiones y, luego, vender las concesiones al mundo: viajaba mucho en esa época. Lo que él menciona -y que fue tomado como una confesión- no es otra cosa que el dar una indicación para que se ordenara todo lo que tenía que ver con el pago de sueldos del personal de concesiones, que era pagado desde antes desde distintas fuentes. "Ordenen esto", dijo. Eso es lo que él señaló en su declaración, pero no (dijo) que inventó una fórmula o un sistema para recabar nuevos fondos. Respecto de los abultamientos de contratos: él nunca jamás estuvo involucrado en algo así. Él estaba en cosas mucho más grandes que en hacer pequeños contratos con consultoras. Carlos no tiene noción de por qué se abultaron los contratos. Él nunca participó en una conversación en la que se dijera: ¿Saben qué? Hay que abultar los contratos. No. No existe. No hay ninguna firma de Carlos. Él jamás pensó en hacer un sistema con esto: no tenía tiempo. Cuando él fue contratado en concesiones, él también -como muchos- era pagado con un suplemento de sueldo. Era un millón 200 y un millón 800: no me acuerdo cuánto era el sueldo y cuánto el suplemento que se les daba después, porque en ese momento los ministros ganaban tres millones de pesos y las liquidaciones decían 1.200.000 o 1.800.000. Nadie lo dice porque todo el mundo le tiene terror a la judicialización de estas situaciones.
-¿Y cómo explica entonces que esté condenado por fraude al fisco?
-Porque él dijo, desde el primer día, que iba a asumir su responsabilidad política. Había gente bajo su rango que tomó decisiones que él pensó que estaban dentro de la ley. Además, creo que la ministra partió interpretando esa responsabilidad política como una culpabilidad y que, en definitiva, durante mucho tiempo no le creyó. Y Carlos nunca fue capaz de deshacer ese juicio de la ministra. Mi sensación -y la de mi marido- es que ella fue confirmando esta idea con la que partió. Efectivamente, dentro de la representación que Carlos dirigió hubo irregularidades, sin duda, pero son administrativas. El fraude al fisco es un delito que tiene que cumplir con tres variables: dolo o intención de hacer un daño -que jamás existió en Carlos-; daño patrimonial del fisco, y enriquecimiento propio o favorecer el enriquecimiento de otros.
-¿Ustedes se enriquecieron?
-No. Y no conocemos a nadie que se haya enriquecido. Nos investigaron por arriba y por abajo durante siete años y medio. Nos buscaron cuentas por todo el mundo.
-El fallo dice que hay 800 millones perdidos. Que 150 se fueron a los sobresueldos y que 650 no se pudieron acreditar.
-Efectivamente, y Carlos no tiene nada que decir. Por eso yo digo que su error fue confiar, el haber pensado que las personas que estaban manejando el tema de la administración lo estaban haciendo en el sentido que había que hacerlo. Lo que Carlos ha dicho siempre, y yo le creo a pie juntillas, es que del Ministerio no salió plata para las campañas políticas, que es lo que piensa la parte querellante. De hecho, Carlos formó parte de un grupo que sí tenía que ver con el financiamiento de la campaña y cuya misión era recabar fondos para ellas. Pero esas platas no tenían nada que ver con el presupuesto del ministerio. No tenemos idea dónde puede estar esa plata, y a Carlos le encantaría saber. Lo que tiene claro es que él no tiene la noción de lo que pudo haber pasado, si es que hay plata perdida. Esto tiene que ver con el sentido del "hacer" de Carlos: él no estaba preocupado de la regulación, no le correspondía, no estaba contratado para eso.
-¿Reconoce como un error no haber estado más encima?
-Él dice, en definitiva, que puede haber sido un error. O, a lo mejor, estuvo en el no haber elegido mejor a las personas. Él no podría haber hecho esa pega, porque no es lo suyo. Carlos es absolutamente inocente. No tengo ni media duda, y espero que se compruebe en la apelación que presentamos en la Corte de Apelaciones.
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Posteado por: paula jacqueline hidalgo contreras 13/07/2010 16:37 [ N° 1 ] |
Por que las gentes tienen tendencia a tirar para a bajo a los nuestros...en lo personal soy gran seguidora de Isabel, me encanta su literatura, gran persona y gran luchadora...aprendamos de una vez por todas a reconocer los dones que nuestro Dios nos dió...ella lo tiene y con creces para escribir...suerte Sra. Isabel....con cariño, Paula Hidalgo C. |
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Posteado por: jorge avila guerrero 03/08/2010 08:59 [ N° 2 ] |
Con una esposa así, Don carlos no nesecita mas. Que apoyo. |
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