
De vez en vez me miro al espejo y me digo: ahora sí, esta tarde voy al peluquero y me corto al cero. Y mientras me digo eso, pienso en las razones que me han conducido al inexorable camino hacia la calvicie.
Aquí hay que hacer un flashback.
Aún vivía con mis padres, recién había egresado de la universidad y estaba cesante. Me preguntaba ese tiempo si había escogido bien, pero no era algo que me preocupara demasiado. Tampoco me preocupaba que, en la ducha, mi pelo —delgado, pero abundante— se me quedara entre los dedos. No le di importancia. Tal vez porque creí que era algo del momento. Algo relacionado con el estrés de estar sin trabajo. O con el estrés de pensar que me había equivocado de carrera. O con el estrés de aguantar a mis padres y a mis hermanos. O con el estrés que me provocaba una polola de entonces que ya no me gustaba.
Lo único que hice fue ir un día al supermercado y comprarme un champú que prometía revitalizar las raíces capilares. Tenía un nombre chistoso: Milpelín o algo así. En las intrucciones decía que, para óptimos resultados, había que lavarse el pelo tres veces al día. Nunca lo hice y decidí que si iba a quedar pelado, lo aceptaría con dignidad, desde ya, sin luchar, sin gastar un peso. Después de todo, nadie de mi familia era —ni es— pelado. Ni mis abuelos, ni mis tíos, ni nadie. Entonces, ¿por qué tendría que pasarme a mí?
Y me pasó.
Mi pelo nunca dejó de caerse. Ni cuando al fin conseguí trabajo. Ni cuando terminé con la polola que no me gustaba. Ni cuando me fui de la casa de mis padres.
Para alguien que atravesaba por una etapa sin retorno como la mía no era fácil reconocer que se trataba de algo cada día más evidente. Hasta que sucedió algo. Mi papá me dijo que se había encontrado con un conocido mío y que ese conocido me había descrito como “peladito”.
Mi papá se río.
Mi mamá se río.
Los pasteles de mis hermanos se rieron.
Fue el primer síntoma de que todos pensaban lo mismo. De que lo mío ya no era un secreto.
Entonces pensé que mientras el resto de mis amigos no me apodaran “pelado”, aún había esperanza. Poco tiempo después ya me decían “Pelado”, incluso Paola, que, en plena etapa de pololeo, se divertía buscándome apodos. Ella me puso Pelayo. Después pensé que mientras nadie me hiciera comentarios sobre mi natural tendencia a ocultar mis entradas, estaría todo bien. Hasta que un día Tatín Carrington, una amiga del innombrable, me miró y me dijo:
—¿Por qué te haces ese emparronado?
Era el momento de una decisión drástica. Pelarme. Raparme. Acelerar de una buena vez lo inevitable. Terminar con esta larga agonía. He ido varias veces a la peluquería resuelto a darle la orden al peluquero: “al cero”. Pero cuando estoy allí, en la silla, con la toalla al cuello, la orden no me sale.
Paola me dice que está bien así como está, que no me preocupe. Y Tatín Carrington me dice que tengo la cabeza muy chica como para verme bien totalmente pelado. Pero de vez en vez me miro al espejo y pienso: ahora sí, esta tarde iré al peluquero y me corto al cero.
Se requiere valor.
Hoy es el día.
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Posteado por: andrea C golé 05/04/2011 11:30 [ N° 1 ] |
Será el mismo temor a notar las primeras arrugas o canas, saber que es un proceso progresivo como un tsunami y que nada lo parará; sin embargo rescato la calvicie en los hombres, se ven más masculinos, grandes hombres muy destacados denotan en sus retratos grandes entradas de frente, Newton ,Beethoven, Wagner, el mismísimo Leonardo aunque su barba llegara hasta el suelo...el problema es cuando es acompañada de una panza voluminosa allí deja de ser atractivo un hombre calvo, y por supuesto si es un pelmazo peor. saludos Pelayito! |
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Posteado por: Poli C. 05/04/2011 12:08 [ N° 2 ] |
Hay que ser digo en la vida,... y la verdad es que un pelado digno, es muy sexy!, esos parrones que se hacen son horribles, sin considerar que se suman muchos años, pensando que la están haciendo de oro. |
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Posteado por: Nika M. 05/04/2011 16:07 [ N° 3 ] |
Recuerdo mis desopilantes risas...aquel dìa. Un dìa en que un "pelado de peinado parròn" conociò lo que era quedar en evidencia absoluta y frente a un mar de gente. Ese dìa de verano, en que el viento entraba por las ventas de la "micro amarilla" para refrescarnos a todos y sobretodo, a nosotras...que vestiamos esos tan incòmodos jumper de colegio. Lo recuerdo tan nìtidamente, porque no creo haber reìdo hasta las làgrimas muchas veces en mi vida...pero èsta fue una de "esas veces". Mi mejor amiga, en ese momento, me miro con cara de còmplice y me apunta al asiento de enfrente...derrepente, veo que no sòlo se mueve la cortina al ritmo del viento...era algo màs. Intento enfocar bien sin mis gafas, hasta que lo consigo ESTALLANDO EN RISAS!!!. Pd: Pelayo, ES el dìa!!!! |
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Posteado por: Mónica Canales Zemljic 05/04/2011 16:11 [ N° 4 ] |
Confesión: Éxito Pelayo... Saludos!!! |
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Posteado por: Sebastian Eduardo Rudloff Parra 05/04/2011 17:06 [ N° 5 ] |
Al menos puedes decir que eres el hombre mas evoluconado de tu familia. Tengo 24 y tambien voy camino a pelequen, asi que te comprendo. Igual hay peinetas laser y otros cachibaches tecnologicos que ayudan a que no se caiga (y que vuelva a salir) el pelo, podrias probar con eso (y publicas los resultados) De pelado a pelado |
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Posteado por: Ricardo Moreno Olate 07/04/2011 12:07 [ N° 6 ] |
Si te pelas completamente te puedes ver de dos formas 1. Pelao Sexi 2. Pelao Hueco. Es alto el riesgo y enorme la diferencia. Suerte.... Igual mala la columna de esta semana, ojo que va en bajada y cada vez menos opiniones. osea la lee menos gente, se vende menos publicidad, etc. |
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Posteado por: María Cristina Vildósola Cincinnati 12/05/2011 15:00 [ N° 7 ] |
Pelayo no puede ser. Tú también me dejas. Primero la Consuelo Aldunate y ahora tú. Puchas me encantan tus anecdotas con tu señora y tus compañeros de trabajo. Son increíbles. No te vayas....por favor, no te vayas... QUE VOY A LEER A HORA!!!!! tú eres lo máximo Pelayo. Mucha suerte en lo que emprendas en el futuro. Pero no te olvides de mi y publica algo por fis. |
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