
Pelayo Figueroa
Encontrándose el suscrito, 43 años, nacionalidad chilena, contextura delgada, escaso cabello, realizando sus compras navideñas a última hora en el mall Parque Arauco de la comuna de Las Condes, observa con asombro e incredulidad que la partida de bicicletas marca Bianchi, aro 12, para niñas, se ha agotado rápidamente debido a su bajo costo. El suscrito piensa que debió haber venido antes, pero se da cuenta también de que es tarde para lamentaciones y que debe reparar su error escogiendo otro modelo, de manera de responder adecuadamente a los deseos expresados con vehemencia por su hija, seis años, tez blanca, pelo cobrizo, mal carácter.
El suscrito confiesa que no fue fácil dar con un modelo parecido, en razón al precio y características del producto, pero al entrar a la multitienda Falabella del señalado centro comercial una sensación de alivio lo embarga al encontrarse, casi por casualidad, con una bicicleta que estaba dentro de los estándares buscados.
La vendedora, mujer atractiva, contextura delgada, ojos verdes, lentes gruesos, se acerca rápidamente al suscrito, tal vez percibiendo que en él tiene una compra asegurada. Así, entre ambos comienza un fluido intercambio de información que incluye precio del producto, calidad y la respectiva garantía de un año en caso de desperfectos ocasionados de fábrica.
La bicicleta en cuestión posee las siguientes características: color rosado fuerte, coqueto canastillo blanco en la parte delantera, ruedas igualmente blancas, flecos multicolores en ambos mangos del manubrio, fabricación chilena, marca Barbie.
Mientras conversa, la vendedora hace una serie de gestos, entre ellos risas, achinamiento de ojos y miradas que podrían catalogarse como provocativas, situaciones que el suscrito interpreta en un primer momento como en extremo sensuales. Aunque posteriormente, analizando mejor el escenario, se percata de que se trataría más bien de una estrategia para que el cliente realice pronto la compra, que en este caso dio resultados positivos.
Ya en la caja, habiendo cancelado el importe con su tarjeta de crédito en tres cuotas precio contado, la dependienta encargada de la transacción, una mujer de contextura gruesa, malos modales, edad indeterminada, le pregunta al suscrito si desea que le lleven la bicicleta hasta su vehículo. El suscrito, sin embargo, pertenece a la escasa población que señala no poseer vehículo ni menos licencia de conducir, así que le indica a la señora que él mismo se llevará la compra hasta el paradero de taxis más cercano.
No obstante su intención, el suscrito pronto se da cuenta de la escasez de taxis y lo embarga una angustia que no lo deja pensar con claridad, de manera que, motivado por el apuro y los nervios, decide transportar la bicicleta por sus propios medios hasta su hogar, en la comuna de Ñuñoa, distante aproximadamente a 13 kilómetros del señalado centro comercial.
Así, discretamente empuja el producto a través de algunas calles, hasta llegar a avenida Américo Vespucio, cuyo largo y hermoso parque habitualmente transitado por ciclistas, trotadores y familias de distintas clases sociales, conduce directamente al hogar del suscrito.
Mientras camina con la bicicleta rosada marca Barbie observa que, dada la fecha, es poca la gente que circula por el mencionado sector, por lo que una idea descabellada cruza por su cabeza: montarse en la bicicleta y pedalear, de manera de minimizar el tiempo de llegada a destino y hacer más cómodo el trayecto. Piensa el suscrito que ojalá no lo vea nadie, ya que señala haber estado al tanto de lo poco decorosa que resultaría la situación.
Y así es como con fecha 23 de diciembre de 2010, cerca de las 18 horas, el suscrito, contra todos sus deseos, es visto conduciendo a toda velocidad por el parque Vespucio una bicicleta rosada, aro 12, marca Barbie, de coqueto canastillo y flecos multicolores, por decenas de sorprendidos transeúntes, entre ellos tres conocidos.
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Posteado por: Jorge Alvarado Robles 02/08/2011 12:09 [ N° 1 ] |
Jajaja, excelente retorno Pelayo. Te falta aprender a ser consumidor, para algo están Internet y tiendas especialzadas. En Santiago, además, hay tiendas en el centro de refacciones y "tunning" pedalero que hacen de la experiencia de andar en bicicleta por la ciudad toda una cuestión de estilo, más alla de las Barbies. En todo caso, la escena no deja de tener su encanto. Saludos. |
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Posteado por: Sthanleyee Marzotti Hakim 07/08/2011 18:17 [ N° 2 ] |
I miss U Pelayo !!! |
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